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de Michel Boeglin y Vincent Parello

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sobre niños moriscos del profesor Ignasi Gironés.
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UNA
NOTA SOBRE AHMAD IBN QÂSIM AL- HAYRÎ BEJARANO
Luis F. Bernabé Pons*
Uno de los personajes moriscos que más fama ha conocido justamente en los últimos
años es el escritor bilingüe Ahmad Ibn Qâsim al-Haÿarî al-Andalusî
Bejarano (n. 1569-1570) (1), de quien se conserva una obra en árabe, el Kitâb
nâsir ad-dîn ´ala-l-qawm al-kafirûn(2), resumen de una rihla suya escrita
anteriormente, y hoy perdida, una serie de textos en castellano que se conservan
dentro del manuscrito D 565 de la Biblioteca Universitaria de Bolonia, así como
una traducción al árabe de un tratado español de artillería (3). La
naturaleza testimonial de estas obras, así como las peculiares circunstancias
de la vida de al-Haÿarî, dentro de la Península interviniendo de cerca en las
traducciones del manuscrito de la Torre Turpiana y de los libros plúmbeos del
Sacromonte (4), y fuera de la Península como traductor y embajador del soberano
marroquí Muley Zaydân, así como polemista religioso con eruditos europeos y
una especie de “representante oficial” tanto de los moriscos expulsados (5)
como de la política exterior marroquí, han hecho del morisco y sus textos uno
de los más atractivos representantes de la comunidad morisca que vive las trágicas
circunstancias que se dan con el cambio de siglo.
Aunque se conoce más o menos bien el contenido de sus obras y, a partir de
ellas y de otras pistas indirectas, se ha podido establecer con cierto
fundamento algunos de los trazos fundamentales de su vida, quedan todavía, sin
embargo, algunos aspectos del personaje que todavía pueden prestarse a discusión.
EL
ORIGEN GRANADINO DE AHMAD IBN QÂSIM AL- HAYRÎ
Según su propio
testimonio, al-Haÿarî proviene de un pueblo llamado al- Haÿar al-Ahmad (“la
piedra roja”) - de donde quizá pudo haber tomado su nisba -, pueblo arabófono
que tenía en su época unos 4.000 habitantes (6). Al-Manûnî y Sarnelli
intentan identificar este pueblo con Ahÿar (hoy Láchar), a unos 25 kilómetros
de Granada (7). Sin embargo, G. Wiegers (8) plantea muy serias objeciones a tal
identificación, basadas fundamentalmente:
1) en la cantidad de lugares denominados en árabe Haÿar en el Reino de Granada
(9)
2) en el número de
habitantes del pueblo que señala el morisco, poco acorde con un pequeño pueblo
granadino.
3) en que los moriscos
granadinos no embarcaron hacia el exilio en el Guadalquivir, como hicieron, según
el testimonio de al- Haÿrî, los moriscos de al-Ahÿar al-Ahmad. Para Wiegers,
a partir sobre todo de los puntos dos y tres, cabría establecer la identificación
de dicho pueblo con el extremeño de Hornachos, famoso por su importante población
morisca (también arabohablante) y por su aventura política en Salé.
Sin embargo, como señala el propio Wiegers a partir de la lógica extrañeza
ante el hecho de que al- Haÿrî no diga a sus lectores dónde estaba dicha
villa, sólo la clave del nombre árabe del pueblo –que no parece corresponder
a Hornachos ni a ningún pueblo de sus cercanías- nos puede dar la solución
final al enigma.
Con todo, otras pistas
pueden quizás ayudar a establecer el origen de al- Haÿrî .Como es sabido, el
interés por este morisco viene de antiguo. Ya los cronistas magrebíes al-´Ayyashî
(m. 1726-1727) y al-Ifrânî (m. 1738-1739) (10), al hablar de la época de
Muley Zaydân citan a al- Haÿrî y toman fragmentos de su rihla perdida. Los
dos historiadores hablan del morisco hispano al servicio del sultán como Abû
-l- ´Abbâs Ahmad Afûqây (o Afûgây) al-Andalusî. El uso de nombres
diversos (árabes y cristianos) por los moriscos es un hecho bastante usual y
que en el caso de al- Haÿrî ha sido suficientemente establecido, con la
excepción de ese “Afûgây”, que se ha intentado explicar, bien como una
forma coloquial de expresar su kunya (Abu-l-Qâsim), bien como un diminutivo
(11), bien como una palabra beréber (12).
Pero ese nombre, con
alguna lógica modificación, puede ser también hallado dentro de una familia
que, por las noticias que poseemos por ahora, es de raigambre granadina y parece
extenderse por varios lugares de la vega de Granada. Algunos moriscos con el
apellido “el Focay” aparecen en diversa documentación cristiana del siglo
XVI. Así, en el Apeo de las Gabias (al sur de la vega de Granada) en 1570,
estudiado por Manuel Barrios Aguilera, se encuentra una nómina de moriscos
“ydos a la sierra”, esto es, huidos a Las Alpujarras (13). Entre estos
moriscos se diferencia en la documentación entre los que poseían hacienda de
los que no; dentro del primer grupo aparece en dos ocasiones, en Gabia la Chica,
un “Alonso el Focay”. También Barrios Aguilera, en otro trabajo anterior
(14), había señalado en Huétor-Tájar, dentro de la lista de bienes raíces
de moriscos en 1568, la viña perteneciente a la “viuda del Focay”. Este
caso resulta interesante para el autor del estudio, puesto que en el Libro de
Apeo y Posesión se indica que a finales de 1571 un cristiano viejo permanecía
en la casa que fue de ella por haberse casado con su hija (15).
Indudablemente, posteriores y más detallados estudios ofrecerán mayor cantidad
de datos acerca de los “Focay” granadinos, pero creo que estas muestras
pueden bastar para afirmar la existencia de esta familia y suponer su relación,
más o menos lejana, con al- Haÿrî.
Claro que esta relación sigue sin resolver la cuestión del pueblo del autor
morisco y especialmente el porqué al- Haÿrî no ofrece más información sobre
él. Desde luego hay que convenir con el estudio de Wiegers que las cifras
demográficas y pecuniarias aportadas por Bejarano convienen mucho más a un
lugar de densa y rica población morisca que no a un pequeño pueblo granadino.
Aunque quizá una posible solución pueda residir en el grado de confianza que
otorguemos en ocasiones a al- Haÿrî .
Expliquémonos. No se trata de que conceptuemos al morisco como un mentiroso
impenitente o un autor falaz; al contrario, creo que hay común acuerdo en
otorgar a lo que narra en sus obras, aparte de los hechos históricamente
comprobados, un alto grado de verosimilitud. Claro que también se puede
estimar, por un lado, que al- Haÿrî es perfectamente consciente del público
que en cada momento es potencial lector de su obra y, por otro, que la rapidez
en urdir pequeñas falsedades se cuenta entre sus habilidades:
“Cuando fuimos introducidos a su presencia [del
arzobispo de Granada Pedro de Castro] [...] me dijo que el sacerdote Maldonado
le había referido que yo sabía leer bien árabe [...] Me dijo: ¿Dónde lo has
aprendido? Y dije: Sabed, Señor, que soy de al- Haÿrî al-Ahmar, y en este
lugar hablamos en árabe.Después aprendí a leer en aljamía y más tarde fui a
Madrid [...] donde encontré un médico de Valencia llamado Fulano de Tal, quien
me enseñó a leer el árabe, lo que me resultó fácil siendo yo de origen árabe.
Me dijo: ¿Y donde esta tu maestro médico? Respondí: Ha muerto, Dios tenga
misericordia de él, hace unos dos o tres años. Y todo lo que le respondí a lo
que me preguntaba del médico, y aquello de que era de Valencia, era mentira.
Porque para la gente de Valencia era lícito leer el árabe, excepto para cosas
islámicas, mientras que estaba prohibido para todos los otros [...] Me refugié
en la falsedad para escapar del mal que pudiera venirme de ellos” (16).
El discernir la veracidad de las opiniones de un autor como éste a lo largo de
sus textos siempre es asunto complicado y que merecería mucho mayor espacio que
el de esta nota; pero puede también traerse a colación de forma breve sus
impresiones acerca del pergamino de la Torre Turpiana y los plomos del
Sacromonte, los cuales conoció de cerca. Como es sabido, la opinión de al- Haÿrî
sobre algunos pasajes de éstos difiere de forma sustancial de la de los
traductores oficiales, al-ÿabbis y al-Ukayhal (¿Luna y Castillo?) y así lo
refiere tanto en su obra en árabe como en el manuscrito castellano de Bolonia:
“Y
dezia en el dicho pergamino que abia de benir en el mundo grandes trabajos y
destruyçiones contra los cristianos, que la çiudad del mar la tomaria el
deLebante [...] Y me pregunto el arçobispo que çiudad es la que se llama en
arabigo la çiudad del mar. Dixele que no sabia y que podria ser que Beneçia.
Entonçes me dio un libro arabigo que se yntitula Nuzat al-mustaq fi ihtira al
afaq, que trata de las prouinçias y çiudades y poblaçiones y climas del
mundo. Y lo ley todo y no halle en el tal nombre de çiudad [...]
Y bide una interpretaçion de uno de los libros que se hallaron en el monte
sancto que estaba en arabigo. Y pusieron los ynterpretes que era la ysla de
Chipre se llama la çiudad del mar. Y mintieron en ello con otras muchas
mentiras que añidieron y erejias [...] Sino como bieron que les dio cuidado
grande a los cristianos el nombre de la çiudad del mar, que la a de tomar el de
Lebante, que se entiende que es el Gran Señor, por quitarles cuidado al arçobispo
dixeron que Chipre es la çiudad del mar, orque a muchos años que es de moros y
que no queda ya que conquistar [...]” (17).
Evidentemente, al- Haÿirî no tiene datos para afirmar con rotundidad una cosa
u otra, sino que se inclina por Venecia por lo que pudiera denominarse un
“convencimiento anti-cristiano” y, por supuesto, porque es la versión que
mejor se puede acomodar entre los moriscos expulsados en Túnez, quienes siguen
poseyendo y leyendo copias y versiones de los libros plúmbeos como una de sus
últimas –y míticas- agarraderas para una futura vuelta triunfal a la Península.
Hoy sabemos que “la çiudad del mar” era, efectivamente, Chipre porque tenía
que ser Chipre la patria del “apóstol” San Bernabé y el lugar donde en un
concilio general se revelaría el Libro de la Verificación del Evangelio o
Libro Mudo, un evangelio verdadero desde el punto de vista de los moriscos que
vendría a dar culminación a los plomos sacromontanos (18).
Pero lo que importa de todo esto es la conciencia del morisco granadino del público
al que se dirige y cómo puede de alguna manera disfrazar ciertos datos para
conseguir un mayor impacto. Si al- Haÿirî al-Ahmar es en verdad un pequeño
lugar de Granada, las cifras de sus moriscos expulsados han de haber sido
verdaderamente reducidas y, desde luego, poco propicias para impresionar a un
lector árabe con la tragedia del éxodo morisco. Claro que si en lugar de esta
cifra, se la sustituye por los habitantes moriscos de un sitio de mayor entidad
(Hornachos, ¿por qué no?, con algunos de cuyos moriscos pudo tratar en
Marruecos), habitantes a quienes se les podría robar 128 una cantidad imponente
de dinero, indudablemente el mensaje queda dotado de una impresionante
-imprescindible- carga emotiva que, además, siempre predispondría a las
autoridades musulmanas a ayudar en lo posible a los desplazados moriscos, por
quienes Ahmad Ibn Qâsim al-Haÿarî al-Andalusî Bejarano siempre mostró una
natural preocupación, y el sultán Muley Zaydân un lógico y político interés.
RESUMEN
En esta breve nota se
afirma el origen granadino del morisco Ahmad Ibn Qâsim al-Haÿarî al-Andalusî
a partir de la existencia de unos moriscos nominados “el Focay” en la vega
granadina, haciéndose una consideración acerca del porqué el autor no nos
ofrece más información sobre su misterioso al- Haÿar al-Ahmar natal.
BIBLIOGRAFÍA
* Universidad de
Alicante.
1. Véase, para una
bibliografía general sobre al-!Haíar, L.P. HARVEY, «The morisco who was
Muley Zaidan’s Spanish interpreter. Ahmad bnu Qasim ibn al-faqih Qasim ibn al-shaikh
al-Hajari al-Andalusi, alias Ehmed ben Caçim Bejarano hijo del alfaquí Caçim
hijo del saih al-Hhachari Andaluz», Miscelánea de Estudios Árabes y
Hebraicos, Granada, VIII, 1 (1959), pp. 67-97; C. SARNELLI, «La fuga in Marocco
di al-ših Ahmad Ibn Qâsim al-Haÿarî al-Andalusî Studi Magrebini, Napoli, I
(1966), pp. 215-229; id., «Lo scrittore ispano-marocchino al-!Haíar§ e il suo
Kit 2 ab N 2 asir ad-D§n», Atti del III Congresso di Studi Arabi e Islamici,
Napoli, 1967, pp. 595-614; id., «Al-!Haíar§ in Andalusia», Studi Magrebini,
Napoli, III (1970),
pp. 161-203; id., «Al-!Haíar§ a Rouen e a Parisi», en C. SARNELLI (ed.),
Studi arabo-islamici in onore di Roberto Rubinacci nel suo settantesimo
compleanno, Napoli, 1985, vol. II, pp. 551-568; J. PENELLA, «Introduction au
manuscrit D 565 de la Bibliothèque Universitaire de Bologne», en M. DE EPALZA
y R.
PETIT (eds.), Etudes sur les moriscos andalous en Tunisie, Madrid, Tunis, 1973,
pp. 258-263; M. DE EPALZA, Los moriscos antes y después de la expulsión,
Madrid, 1992, pp. 157-164; G. WIEGERS, «A life between Europe and the Maghrib. The
writings and travels of Ahmad Ibn Qâsim al-Haÿarî al-Andalusî (born c. 977/
1569-70)», Orientations, Leiden, 1 (1992), pp. 87-115.
2. Existe edición árabe
de Mu!hammad Razãq, Casablanca, 1987. En los artículos citados de C. Sarnelli
pueden leerse traducciones al italiano de la introducción del manuscrito de la
D 2 ar al-kutub al-mi!sriyya, así como de los capítulos 1 al 5.
3.
Ver L.P. HARVEY, «The morisco...»; M. cIN 6 AN, «Min tur 2 at al-adab al-andalus§
al-mâriskî: kit 2 a b al-cizz.
4. Véase M. DE EPALZA,
«Le milieu hispano-moresque de l’evangile islamisant de Barnabé (XVIe-XVIIe
siècle)», Islamochristiana, Roma, 8 (1982), pp. 171-173.
5.
C. WIEGERS, A learned Muslim Acquaintance of Erpenius and Golius. A!hmad b. Kâsim
al-Andalusi and Arabic Studies in The Netherlands, Leiden, 1988.
6. Véase la edición
de M. Razãq, pp. 25, 102, 113.
7.
C. SARNELLI, «Lo scrittore...», p. 598.
8.
«A life between...», pp. 95-97.
9.
Y en toda la Península desde antiguo; véase E. TERÉS, «Ubaydis ibn Mahmûd y
Lubb ibn al-Sâliya, poetas de ? cumuntân (Jaén)», Al-Andalus,
Madrid-Granada, XLI, 1 (1976), pp. 105-106. wa-l-rifca wa-l-man 2 afic li-l-muí
2 ahid§n f§ sab§l All 2 ah bi-l-mad 2 afic», Revista del Instituto Egipcio
de Estudios Islámicos en Madrid, 16 (1971), pp. 11-42; D. JAMES, «The
‘manual de artillería’ of Ahmad Ibn Qâsim al-Haÿarî al-Andalusî with
particular reference to its illustrations and their sources», Bulletin of the
School of Oriental and African Studies, Londres, XLI (1978), pp. 237-257.
10.
Ver C. SARNELLI, «Lo scrittore...», p. 602; G. WIEGERS «A life between...»,
pp. 90-91; E. LÉVI-PROVENÇAL, Les historiens des chorfa. Essai sur la littérature
historique et biographique du XVIe au XXe siècle, París, 1922, p. 100; M. Razãq
(ed.), p. 5, n. 1.
11.
G. WIEGERS, A Muslim Acquaintance..., pp. 23-24.
12.
Véase H.R. SINGER, «Morisken als übersetzer», en D. BRIESEMEISTER (ed.),
Sprache, Literatur, Kultur. Romanistische Beiträge, Frankfurt am Main, 1974, p.
39: “bzw. 6 Afûgay = vermutlich berberisches Afugay”
13. «Moriscos ‘ydos
a la sierra’ en la guerra de las Alpujarras», en A. TEMIMI (ed.), Mélanges
Louis Cardaillac, Zaghouan, 1995, vol. I, pp. 73-83.
14. «Moriscos en la
tierra de Loja», en M. BARRIOS AGUILERA, Moriscos y repoblación en las
postrimerías de la Granada islámica, Granada, 1993, pp. 227-256.
15. Ibídem, p. 245.
16. M. RAZâQ (ed.),
pp. 25-26; C. SARNELLI, «Al-!Haír§ in Andalusia», pp. 28-29.
17. Ms. Biblioteca
Universitaria de Bolonia, ff. 165r - 166r.
18.
Luis F. BERNABÉ, El Evangelio de San Bernabé. Un evangelio islámico español,
Alicante, 1995.
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