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de Michel Boeglin y Vincent Parello

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sobre niños moriscos del profesor Ignasi Gironés.
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Bernard Vincent
La familia morisca
En Historia y etnología están en boga los estudios sobre la familia, hasta el
punto que, en Francia, el tribunal de las oposiciones a cátedra de Historia
propuso el tema "La familia en Inglaterra y Francia del siglo XVI al
XVIII" en el programa de las convocatorias de 1975 y 1976. Curiosamente, en
un país como España, que ha conservado mejor sus estructuras y costumbres
ancestrales que la Europa del noroeste y donde, a priori, sería más fácil
comprenderlas, el tema de la familia ha sido ignorado. Debido a la escasez de
datos, Bartolomé Bennassar no pudo dedicar una sola línea al tema en su
reciente obra L'homme espagnol (1). Esto es sin duda reflejo del escaso
desarrollo que tienen en la Península los trabajos relacionados con la etnología
o con lo que se ha dado en llamar historia de las mentalidades; va siendo ya
hora de llenar esta laguna.
Vamos a detenemos aquí en el caso morisco. Es sabido que el enfrentamiento
entre moriscos y cristianos es un conflicto de civilizaciones. Nunca se repetirá
lo suficiente esta sencilla afirmación, ya que en este caso a la Historiografía
no le es fácil apartarse de un esquema que da prioridad a los aspectos
religiosos; y no es que éstos dejen de revestir una considerable importancia
-los recientes trabajos de Louis Cardaillac les atribuyen una dimensión hasta
ahora insospechada- pero el tenaz combate de los cristianos por aculturar a los
moriscos y la fuerte resistencia de éstos repercutió en otros muchos terrenos
que han sido objeto de escasa atención (2). El problema de la familia es uno de
ellos. A este respecto se pueden plantear tres series de preguntas. ¿Qué es la
familia morisca? ¿Es diferente, por su estructura o por su sistema de
relaciones internas, de la familia cristiana? En segundo lugar, ¿en qué medida
constituye, para los moriscos, un elemento de solidaridad ese
ncial? En los momentos cruciales de la vida de la minoría, ¿fue determinante
la pertenencia a una familia a la hora de optar por una u otra alternativa? Por
último, ¿hicieron los cristianos una política, consciente o inconsciente, de
desintegración de la familia morisca? Me propongo examinar estas cuestiones a
la luz de algunos ejemplos que proceden, principal aunque no exclusivamente, del
reino de Granada. Es decir, que las hipótesis que formularé tendrían que ser
matizadas, con respecto a las demás regiones de implantación morisca, en función
del grado de aculturación de las comunidades.
Familia morisca: ¿familia extendida o familia conyugal? Si consultamos los
datos demográficos, podemos pronunciamos inmediatamente a favor de la familia
conyugal. Los censos de la segunda mitad del siglo XVI indican que el tamaño de
la familia media se sitúa en torno a 4, tanto entre los moriscos como entre los
cristianos, es decir, una pareja y dos niños (3). Pero hay que ir más allá de
las apariencias. Este, criterio es más un reflejo de las circunstancias
materiales, en este caso las dimensiones de la vivienda, que de la red de
relaciones real. Si examinamos atentamente los documentos, observamos que,
cuando el tamaño de la casa lo permite, conviven varias generaciones bajo el
mismo techo y cuando no lo permite -lo que es más frecuente- los diferentes
matrimonios viven próximos entre sí bajo la autoridad real del jefe del clan.
Pierre Guichard, en su reciente obra Structures sociales orientales et
occidentales dans l'Espagne musulmane, señala, tras examinar minuciosamente la
toponimia española, la frecuencia de los topónimos gentilicios (4). Partiendo
de las indicaciones de los trabajos de Miguel Asín Palacios y basándose en el
Diccionario de Madoz, revela la existencia de 208 topónimos en Beni-, Bena-,
Bene-, Bini-, Biné-, Veni-, Vina-, Vinu-. Sin duda, hallaríamos más teniendo
en cuenta todas las transformaciones experimentadas por los topónimos a lo
largo de los siglos. Así, el nombre del pueblo alpujarreño Mecina de Bombarón
proviene de Madina Banu Harun, que se convirtió en el siglo XVI en Mecina de
Buen Varón. Los numerosos topónimos gentilicios que existen aún hoy día no
son evidentemente una prueba de la existencia de estructuras tribales dentro de
la comunidad morisca en el siglo XVI. Pero convendremos con Pierre Guichard en
que el hecho tribal fue una característica importante de la vida
política de AlAndalus entre los siglos VIII y X. Y, con él, nos planteamos
el problema de saber si ese hecho tribal perduró.
Observemos en primer lugar que los cronistas del siglo XVI, Mármol Carvajal
concretamente, cuando citan los topónimos gentilicios, parecen conocer su
significado perfectamente. Así, Mármol no deja de separar la voz Bena- de lo
que muchas veces le sigue: Bena Mocarra, Vélez de Bena Audalla, Bena Haviz (5).
Lo que no es más que una conjetura se convierte en evidencia cuando se trata
del hábitat rural o urbano. En esto, una vez más nos guiamos por los
cronistas, Hurtado de Mendoza o Mármol. El primero indica que el pueblo de Las
Albuñuelas, situado en el valle de Lecrín, consta de tres barrios; Mármol
habla de los barrios de Válor, el alto y el bajo, y de los tres barrios de
Berchul (o Los Bérchules). Gracias a los libros de apeos del reino de Granada
sabemos que es un fenómeno común a todos los pueblos de La Alpujarra y que
incluso cada barrio consta de varios caseríos de cinco a veinticinco casas cada
uno (6). Sería tentador comparados con los pueblos de las comunidades rural
es beréberes de Marruecos, cuyas estructuras son idénticas. En Marruecos, cada
caserío de estas comunidades está "habitado por una familia patriarcal
que comprende de diez a quince familias que se consideran descendientes de un
mismo antepasado" (7). Lo mismo ocurre en Andalucía Oriental: Por ejemplo,
en Válor el alto habita la familia de los Hernandos, también llamados Valorís;
en Válor el bajo vive la familia rival de los Aben Zabas. Según esto, habría
que orientar el estudio de la toponimia a nivel de los caseríos, que con más
frecuencia que los pueblos llevan el nombre del antepasado epónimo de la
familia. También en el medio urbano se halla concentrado el grupo familiar. Un
examen detenido de los censos de la ciudad de Granada de los años 1560, sobre
todo el de 1561, revela que, si bien en el interior de una casa sólo vive un
matrimonio con sus hijos, sus ascendientes o colaterales habitan en casas
vecinas, que dan a la misma calle o bien a una calle paralela (8). Para p
asar de una casa a otra no es necesario poner los pies en la calle. En efecto
suele haber una puerta no visible desde el exterior que comunica una casa con
otra. Al publicar los hábices de las iglesias granadinas en 1527, María del
Carmen VilIanueva Rico señalaba esta particularidad, que no se explicaba:
(...) es curioso que algunas casas presenten puerta falsa, además de la
principal, o dos puertas principales o una principal y dos secundarias (9).
Confirman estas importantes indicaciones otros documentos, como el de 17 de
septiembre de 1587, donde se describen dos casas del AIbaicín pertenecientes a
dos moriscos que eran cuñados:
(...) Estas heran dos cassas la una del dicho hernán lópez el feri y la otra
del dicho lorenzo el chapiz su cuñado. y que están yncorporada la una con la
otra y ambas se sirven por una puerta que no se le puede dar otra a ninguna
dellas ni por esto dividirse (n.) (10).
También es posible que el jefe del clan, en principio el hombre más anciano,
dispusiese de la casa situada más al este, siendo de este modo el primero en
disfrutar de la salida del sol y con su vivienda situada en dirección a La
Meca. A su muerte, se procedía a un nuevo reparto del espacio entre la familia.
Parece que es éste uno de los elementos esenciales de la cohesión de la
familia morisca, cuya vida cotidiana se sustraía de este modo a las miradas
indiscretas. A ello se debe el que las autoridades, deseosas de controlados,
exigiesen que las puertas estuviesen permanentemente abiertas los viernes y los
domingos.
En los textos contemporáneos, el vocabulario revela algunos indicios más.
Hurtado de Mendoza y Mármol Carvajal emplean a menudo el término linaje. en
ocasiones parentela. Ambos coinciden en señalar que Aben Humeya, primer rey de
los sublevados en 1568, pertenecía a un linaje de gran renombre. Dice Hurtado
de Mendoza:
(...) había entre ellos un mancebo llamado don Fernando de Válor, sobrino de
don Fernando el Zaguer, cuyos abuelos se llamaron Hernandos y de Válor, porque
vivían en Válor el alto, lugar de la Alpujarra puesto cuasi en la cumbre de la
montaña: era descendiente del linaje de Aben Humeya, uno de los nietos de
Mahoma (...) (11).
Mármol, por su parte, narra con gran lujo de detalles las peripecias que
desembocan en la elección de Aben Humeya como rey: "ninguno lo podía ser
mejor ni con más razón que el mesmo don Hernando de Válor por ser de linaje
de reyes...". No obstante, Farax Aben Farax, otro instigador de la
sublevación morisca, no aceptó de buen grado la designación porque pretendia
"que habia de ser rey y gobernador de los moros, y que también era él
noble del linaje de los Abencerrajes" (12). Pero una de las principales
razones del triunfo de Aben Humeya fue sin duda alguna la extensión e.
influencia del linaje: "aquella noche se juntaron todos los Valoris, que
era una parentela grande". A lo largo de esta crónica aparecen también
otros dos linajes, ambos originarios de Ugijar: el de los Rojas y el de los
Alguaciles (13). El jefe de los Rojas, Miguel, no es otro que el suegro de Aben
Humeya. Por último, refiriéndose a Andrés Alguacil, Mármol precisa: "un
morisco del linaje de los antiguos alguaciles de Ujijar, llamado Andrés
AlguaciL," (14).
Podemos acudir también a otro documento, aún más valioso por el hecho de
proceder de un morisco. Se trata del memorial dirigido al Rey, en 1567, por
Francisco Núñez Muley. El autor, importante personaje de Granada, sale en
defensa de la minoría amenazada por la pragmática de 17 de noviembre de 1566
que pretende acabar con todas sus costumbres. Este texto fundamental ha sido
reproducido muchas veces, integra o parcialmente. La edición más completa que
se conoce es la del historiador británico Kenneth Garrad. Tiene el interés de
incluir notas que aclaran diversos puntos de la petición. Pero se suele olvidar
que el verdadero descubridor del texto es Foulché-Delbosc, quien lo publicó en
la Revue Hispanique en 1901; por otra parte, su transcripción me parece mejor
que la de Garrad. El memorial de Núñez Muley es una mina de información sobre
las estructuras de la sociedad morisca. Por ello, no es sorprendente su
insistencia en la importancia de la conservación del linaje. Se le presenta la
ocasión cuando intenta defender el empleo del sobrenombre:
... pues... en dezir sobrenombre morisco por donde se conosce la persona y de qué
linaje...
y más abajo afirma:
... pues que lo que toca en el sobrenombre morisco, como se an de conocer la
gente y tratar con los sobrenombres castellanos e no más, perderse an las
personas y los linajes moriscos, no sabrán con quién tratan ni conpran ni
casan no conociendo el linaxe de rráyz... (15)
Puede afirmarse, a la luz de todos los ejemplos anteriores, que la familia
morisca es extendida. Pero aún queda la duda de si era éste un fenómeno
generalizado. Hasta aquí, hemos tratado principalmente de grupos de parentesco
pertenecientes a la aristocracia morisca: Valories, Rojas, Alguaciles, Aben
Zabas... Desde luego, Núñez Muley parece rebasar ese estrecho círculo para
incluir en su defensa a toda la sociedad morisca, pero él mismo pertenece a uno
de los más célebres linajes granadinos. De ahí que sea necesario acudir a
otros documentos. El 26 de febrero de 1:561, ocho habitantes de la parroquia de
San José de Granada dirigen una petición a las autoridades de la ciudad en la
que solicitan la anulación de las recientes elecciones de seises. Estos eran
los representantes de la comunidad morisca y una de sus funciones era la derrama
de la farda, impuesto que recaía exclusivamente sobre la minoría. Ahora bien,
en 1561 los habitantes de la parroquia de San José denuncian irregularidades en
la elección:
... suplicamos a vuestra señoria no permyta que porque un perrochiano o dos
tomaron enojo con uno de los seyses de la perrocha an querido mover y rrevolver
con petición y buscar firmas entre sus cuñados y parientes por donde fueron a
hazer la eleción que el domyngo pasado se hizo a hazer otro seys sin que los
perrochanos lo supiesen que entre dozientos perroquyanos y aun trezientos que ay
en la perroquya no sabello veynte... (16).
Los autores de esta maniobra aprovecharon, pues, las posibilidades que les ofrecía
la cohesión de un clan y las alianzas con otros linajes, lo cual viene a
subrayar la importancia del papel de los grupos familiares en el medio urbano.
Señalemos además que al menos tres de los ocho firmantes de la demanda
pertenecen al mismo clan, ya que su apellido es el mismo, Santisteban. Al final
del texto se hallan las firmas de veintiuna personas.
Otra elocuente manifestación de la eficacia de las estructuras clásicas se
encuentra en las negociaciones de los años 1570 entre la Corona y las bandas de
monfíes que resisten en las montañas del reino de Granada. Los bandidos, tanto
El Joraique en la zona de Almería, en 1573, como Juan Esvilay y Marcos el
Meliche en la de Málaga, en 1576-1577, están dispuestos a deponer las armas
pero bajo ciertas condiciones, la primera de las cuales es vivir con los
miembros de su familia (17). Conocemos todos los detalles de la segunda
negociación. Los interesados dan una lista nominal de todos aquellos allegados
suyos, prisioneros o esclavos, con los que desean reunirse. Citan a la esposa e
hijos, pero también al padre, la madre, hermanos, hermanas y primos. En cierto
modo, es ésta una buena definición de la amplitud de la familia morisca, a la
vez que la confirmación de la existencia de este fenómeno en toda la sociedad,
ya que los bandidos procedían del mundo rural.
Ha llegado ya el momento de entrar en detalles a fin de delimitar con precisión
esta realidad de la familia extendida, cuya persistencia en la comunidad morisca
creo ya suficientemente comprobada. En suma, me gustaría ahora recoger la
problemática presentada por Pierre Guichard con objeto de saber si en la
familia morisca pueden diferenciarse las estructuras orientales de las
estructuras occidentales, o, en otras palabras, la influencia de la civilización
musulmana de la influencia de la civilización cristiana occidental.
Volvamos al alegato de Francisco Núñez Muley. Afirmaba éste que es en el
sobrenombre donde se conoce el linaje. En efecto, de los tres elementos del
nombre morisco -nombre, apellido, sobrenombre- éste es el más importante. A
ello se debe el que las autoridades cristianas, en el marco de su política
aculturante, se dedicasen a cristianizar el nombre y el apellido y darle más
valor al apellido, en detrimento del sobrenombre, ya que deseaban borrar la
memoria de éste. Pero no cabe duda de que la resistencia morisca fue tan tenaz
en este punto como en otros. Ya algunas familias, como la de los Zegries, habían
obtenido el privilegio de conservar el apellido del clan, que o bien hacia
referencia a un antepasado común o bien indicaba un vinculo con un territorio
determinado. Cuando Núñez Muley cita al notable don Miguel de León,
veinticuatro de Granada, no se olvida de añadirle el Zahardri (l8). Así,
durante la sublevación de 1568, que se caracterizó por una afirmación de los
valores ancestrales amenazados, los sobrenombres resurgieron. Es significativo
que Hernando de Córdoba recuperase su nombre de Aben Humeya y se afirmase como
Valori, pero a lo largo de las crónicas encontramos, entre otros, a Aben Zigui,
alcalde de Andarax, Pedro López Aben Hadami, regidor de Cobda, Alonso Aben
Cigue y, por supuesto, a los Aben Zabas, Aben Jauhar (Fernando el Zaguer), Farax
Aben Farax y Diego López Aben Aboo. Parece que nos encontramos en presencia de
unos grupos agnaticios que se definen por su relación con un antepasado común
y en los que sólo cuenta la filiación paterna.
El matrimonio endógamo es otro rasgo principal de la familia musulmana. Ahora
bien, a juzgar por diversas cédulas reales, los moriscos practicaban la
endogamia. El 7 de diciembre de 1526, la junta reunida en Granada con el fin de
estudiar todos los aspectos del problema morisco, declara:
... asimismo porque somos informados que los dichos nuevamente convertidos hacen
muchos casamientos con dispensaciones que para ellos han, y diz que algunos que
se les han dado son en casos muy prohibidos. escribiremos a su Santidad que
mande conceder Bula para que los dichos nuevamente convertidos no se casen con
dispensaci6n... (19).
Dos años después, el 17 de julio de 1528, Carlos V se ve en la obligación de
dirigirse a los moriscos valencianos a propósito de este mismo tema:
Item por quanto entre los moros que oy son ay muchos matrimonios concertados
entre parientes cercanos en grado prohibido por la ley cristiana y permiso por
la ley morisca la que permite matrimonio fasta entre primos hermanos hijos de
dos hermanos inclusive. si les dichos matrimonios se abrán de desconcertar y
prohibir los que se podrán hazer de oy adelante sería grandísimo daño y
desconcierto entre los dichos moros... (20).
No podría explicarse mejor la diferencia entre ambas comunidades: práctica
exogámica entre los cristianos, facilitada por la prohibición canónica del
matrimonio consanguíneo hasta el cuarto grado de parentesco, práctica endogámica
entre los moriscos, propiciada por la autorización e incluso la recomendación
del matrimonio entre primos hermanos hijos de dos hermanos. Otro testimonio,
procedente de la crónica de Diego Hurtado de Mendoza, indica el papel que los
primos juegan en este tema. Una mujer, perteneciente al linaje de la familia política
de Aben Humeya, enviudó:
A ésta se llegó un primo suyo. como es costumbre entre parientes. después de
muerto el marido en la guerra, de quien Aben Humeya se fiaba, llamado Diego
Alguacil; vivían juntos, comunicaban más que familiarmente... (21).
Así pues, el matrimonio endógamo existía. Pero, ¿hasta qué punto? No es fácil
responder a esta pregunta. Lo que sí podemos afirmar es que esta práctica
estaba en vías de desaparición, al menos entre parte de la clase alta morisca.
Los Granada Venegas, los Zegries y con ellos todo el círculo morisco
colaborador, tomaron de buen grado esposa entre los cristianos. En cuanto a la
plebe, nada sabemos con certeza. Comprobamos que, de 86 cónyuges (43
matrimonios) cuyo lugar de origen conocemos, éste es el mismo para 34, es
decir, 17 parejas de 43. En otros 24 matrimonios, el origen del marido no es el
mismo que el de la mujer, pero sólo dista del de ésta pocos kilómetros (22).
Este sondeo no nos proporciona mucha información, pero me inclino a pensar que
aunque el matrimonio endógamo tradicional existía, no estaba generalizado. El
hecho es que no se conoce ningún texto que trate de este asunto posterior a
1528, y que la frase antes citada de Francisco Núñez Muley ("no sabrán
con quién tratan ni conpran ni casan, no conociendo el linaje de rrayz")
recurre tanto, sino más, a consideraciones de índole económica como a las de
orden genético. La supervivencia de la endogamia estaría seriamente amenazada.
Otro tanto puede decirse de la poligamia. Esta no es desconocida, tal como
sugieren las Instrucciones dadas hacia 1530 por el arzobispo de Granada, Gaspar
de Ávalos, tras visitar algunos pueblos habitados por moriscos:
Item (los moriscos) tienen error acerca del sacramento del matrimonio, casándose
dos y tres veces siendo vivas todas las mujeres y otro tanto ellos, y para
seguir en esto su mal propósito presentan testigos falsos, que es la cosa más
ligera del mundo hallarlos entre ellos. Y así por fueros ordinarios como por vía
de Roma, se han hecho muchos divorcios porque piensan ellos que les es lícito
como lo era en tiempo de moros. Y de estas cosas habemos hallado muchas en esta
visitación... (23).
Este texto es importante porque pone de relieve una práctica islámica
esencial, pero es el único en su género. El otro ejemplo de poligamia que
podemos citar, bastante esclarecedor, es el de Aben Humeya. Apenas designado
rey, escoge esposas:
Tomó tres mujeres, una con quien él tenía conversación y la trujo consigo,
otra del río de Almanzora, y otra de Tavernas, porque el deudo tuviese aquella
provincia más obligada, sin otra con guíen él primero fue casado, hija de uno
que llamaban Rojas. Más dende a pocos días mandó matar al suegro y dos cuñados
porque no quisieron tomar su ley; dejó la mujer, perdonóla suegra porque la
había parido, y quiso gracias por ello como piadoso... (24).
Al pasaje precedente de Diego Hurtado de Mendoza podemos añadir el de Mármol
Carvajal donde se narran los incidentes que se produjeron entre los Valoríes y
los Rojas. Mármol concluye:
... de aquí nacieron grandes enemistades entre los parientes del muerto (Miguel
de Rojas) y Aben Humeya el cual repudió luego la mujer, y juró que no había
de dejar hombre dellos a vida... (25).
Así, hasta el inicio de las hostilidades, Aben Humeya sólo tuvo una esposa, la
hija de Miguel de Rojas. Pero con la sublevación, que era la oportunidad para
revalorizar toda la cultura musulmana tradicional, toma tres esposas más. Con
ello nos revela el papel esencial del matrimonio, que significa la alianza entre
dos clanes, y más aún, entre dos sectores geográficos; a ello se debe el que
las nuevas esposas sean originarias de familias instaladas en zonas que no tenían
ninguna relación con las dominadas por los grandes linajes alpujarreños. Los
nuevos matrimonios permiten afianzar la solidaridad morisca. El segundo
aspecto fundamental del texto gira en tomo al repudio de la primera esposa.
También parece tratarse en este caso de un acto que raras veces se lleva a cabo
en la sociedad morisca. Y de nuevo a causa del momento privilegiado que
constituye la sublevación, el repentino conflicto que estalló entre dos clanes
recientemente unidos por un matrimonio, en este caso entre los Valoríes y los
Rojas, queda solemnemente señalado por la ruptura de las alianzas, es decir,
por el repudio de la esposa.
En cuanto a la poligamia, todo parece indicar que se trataba de una costumbre caída
en desuso, pero no tan antigua como para que se hubiesen perdido su recuerdo y
su significado. Porque, por otra parte, podemos recordar algunas pruebas más de
la escasa frecuencia de la poligamia: por un lado; la ausencia de moriscos
citados ante la Inquisición bajo la acusación de poligamia, y por otro la
indicación de Francisco Núñez Muley, cuando afirma que en cada casa hay
"tres mugeres madre y hijas..." (26).
Es una observación discutible en el terreno demográfico, pero revela la
existencia de una sola esposa y madre en cada hogar. Así, podemos decir que la
poligamia, más aún que el matrimonio entre primos hermanos, es un elemento, en
retroceso dentro de la .cultura morisca pero que puede volver a emerger en épocas
de crisis.
Las diversas posturas políticas traducen. perfectamente el papel de las
estructuras de parentesco en el funcionamiento de la sociedad morisca. Antes
incluso de la conquista de Granada en 1492, había familias enteras, casi
siempre pertenecientes a linajes prestigiosos instalados de muy antiguo en el
medio urbano, bautizadas y que habían apoyado a los reconquistadores
cristianos. Otras adoptaron rápidamente esta actitud. Sus descendientes
permanecieron fieles a la línea de conducta. Las únicas excepciones a la regla
fueron, en 1568, los grandes linajes que seguían vinculados con el medio rural.
Y cuando se produce el cambio, todo el linaje se adhiere a él.
Tomemos algunos ejemplos: el de los Fez Muley en primer lugar. Esta familia se
mantuvo en candelero durante un siglo. En la época de la Reconquista es una de
las más importantes de la sociedad granadina. Nunca se puso en duda su lealtad
a la Corona, así como su solicitud para con la comunidad morisca de la que
procedía. En este sentido, los Fez Muley son representativos de la mayor parte
del círculo colaborador. Así, la carrera de Francisco Núñez Muley es
ejemplar. El autor del memorial de 1567 es ya un hombre en el ocaso de una vida
muy activa. La ausencia de su nombre en la literatura o los documentos oficiales
relativos a la sublevación de 15681570, nos hace pensar que la muerte se lo
llevó, ya septuagenario, antes del inicio de las hostilidades en diciembre de
1568. Nacido probablemente entre 1490 y 1495, Francisco Núñez Muley sirvió
durante más de tres años como paje al arzobispo de Granada, Hemando de
Talavera, y en calidad de tal lo acompañó en una visita a la Alpujarra en 1502
(27). A partir de este momento, fue el abogado de los moriscos en todas las
grandes circunstancias: en 1513, formó parte de una delegación que negoció
con Fernando el Católico; en 1518 fue, en compañía del marqués de Mondéjar;
a presentar sus respetos al rey, Carlos 1, a Valladolid; en 1526 fue uno de los
mediadores que obtuvieron de Carlos V la suspensión de las medidas que adoptó
la asamblea reunida en la Capilla Real de Granada. Nuestro personaje dedicó su
larga vida a defender sin descanso la causa en la que creía. En esto se asemeja
a otros miembros de su familia, su tío Hernando y su primo Álvaro, que fueron
uno tras otro veinticuatro de Granada, y su sobrino segundo, Hernando de Fez
Muley. Este último, a pesar de su avanzada edad, sufrió las consecuencias de
la política familiar; fue expulsado y sus bienes confiscados. Otro miembro de
la familia, Andrés, corrió la misma suerte. Ambos recibieron algunas
reparaciones en forma de pensiones anuales, y Hernando
fue autorizado a volver a Granada para tomar de nuevo posesión de su casa (28).
Pero había en 1517 un don Hernando Muley que residía en Sevilla. ¿Se trata
del mismo personaje o de un pariente?
Existe un caso bastante análogo al de los Fez Muley, el de una gran familia
valenciana, los Abenamir. Ya en los años 1520 los Abenamir habían jugado un
papel considerable en la lucha contra los agermanados, y más tarde, en 1526, se
abstuvieron de participar en la rebelión de los habitantes moriscos de la
Sierra de Espadán. Nunca se puso en duda la fidelidad de los miembros del clan
a la Corona a lo largo de este siglo, pero hicieron ésta compatible con la
protección a los moriscos de Benaguacil, el pueblo donde residían y cuyos
habitantes reconocían su autoridad. Esta fue la causa de que uno de los
Abenamir, Cosme II, compareciese en 1567 ante la Inquisición. Otros dos
miembros de la familia fueron hostigados al mismo tiempo que él (29).
La mayor parte de los grandes linajes adoptaron la difícil posición de los
Abenamir y de los Fez Muley. No obstante, algunos, a ambos extremos de esta
actitud intermedia, adoptaron una línea de conducta más definida. Por una
parte los que, como los Zegríes, parecen muy aculturados y mantienen pocos vínculos
con la comunidad morisca. No les preocupa la suerte de ésta y el partido a
tomar en el momento decisivo de la sublevación de 1568 no constituye ningún
problema para ellos. En esto, Francisco y Gonzalo no hacen más que proseguir la
actuación de su común antepasado durante la Reconquista. Luís, padre de
Gonzalo y hermano de Francisco, fue caballero de Santiago. Los hijos de ambos
permanecieron fieles a la política familiar. La carrera militar y
administrativa de Francisco es muy elocuente: participó, entre otras, en las
expediciones de Vélez de la Gomera en 1525, en la de Túnez en 1555; fue
caballero veinticuatro de Granada durante 42 años, desde 1536 hasta su muerte
en 1578 (30).
La fidelidad a toda prueba de los Zegries fue compartida por escaso número de
familias. Otras, algo más numerosas, escogieron en 1568 el partido contrario. Y
una vez más, como en todos los casos precedentes, la solidaridad familiar fue
total. Tomemos el ejemplo de los Valoríes. Sus antepasados no se comportaron de
manera diferente a los Zegríes o a los Fez Muley. Don Hemando de Córdoba el
Ungi fue, en 1520, uno de los tres capitanes de las tropas moriscas que se
enfrentaron a los agermanados de Baza y Huéscar(31). La familia disponía en
Granada de una veinticuatría cuyo último titular fue don Hernando, el futuro
Aben Humeya. Cuando éste se puso al frente de los sublevados, inmediatamente
tuvo junto a sí a su hermano Luís, a su tío Hemando el Zaguer, a sus primos
hermanos Aben Aboo y El Galipe. Antonio, el padre, y Francisco, hermano de Aben
Humeya, fueron de algún modo sus precursores, ya que en diciembre de 1568 se
encontraban en la cárcel (32). Las mujeres no les iban a la zaga; María
de Córdoba, esposa de El Zaguer, Brianda, hermana de Aben Humeya, Costanza y
María, esposa e hija de Andrés de Córdoba, figuraron en el auto de fe que
tuvo lugar en Granada el 18 de marzo de 1571 (33).
Encontramos esta misma cohesión de linaje entre la plebe morisca. Las
relaciones de causas de los tribunales inquisitoriales revelan la existencia de
familias que no pueden o no quieren silenciar su adhesión al Islam, dé manera
que los inquisidores les atribuyen los calificativos de "casta y generación
de moros". Un acto voluntario, la imprudencia o la mala suerte de un
individuo a menudo provocan la condena de varios miembros del linaje. En la
población de Arcos, que depende de la Inquisición de Cuenca, comparecen seis
miembros de la familia Moraga ante el tribunal entre 1559 y 1596, así como seis
Hortubia en Deza entre 1557 y 1610 (34). En 1560 son condenados Francisco Dordux
y su mujer María Granada, y Andrés y Luis Dordux, habitantes de Granada, al
igual que cinco Quirates, habitantes de Laroles, pueblo de la Alpujarra. Luis
Quirate, por último, corrió la misma suerte en 1563 (35). Estos ejemplos,
escogidos de entre otros muchos, permiten afirmar que entre los moriscos existía
una solidaridad de linaje prácticamente sin fisuras.
Los cristianos eran conscientes de este fenómeno. Ya he tenido ocasión de
aludir a diferentes medidas que atestiguan el conocimiento de esta'
particularidad morisca. Son medidas que emanan de una política encaminada al
etnocidio.
Lo que pretenden los legisladores denunciando Y prohibiendo los matrimonios
consanguíneos y la poligamia es una completa asimilación al modelo familiar de
la mayoría. Pero utilizan otros- recursos, todos los cuales atentan contra la.
solidaridad familiar de los moriscos. Se fomentan los matrimonios mixtos; se
prometen incluso beneficios económicos a los que contraen tales enlaces, como
recuerda una cédula promulgada durante la estancia de Carlos V -en Granada en
1526:
... Hazemos merced a los cristianos viejos que casaren en este rreyno con
cristianas nuevas e a las cristianas viejas que casaren con cristianos nuevos e
a los cristianos viejos que fueren a vivir entre cristianos nuevos que sean
libres y exemptos de huéspedes así de los de nuestra corte como de gente de
guerra e otros qualesquier y que no den rropa ni bestias de guía ni aves ni
otra cosa alguna por vía de aposento e demás desto por les hazer más merced a
las tales personas que hizieren lo suso dicho les prometemos que luego que nos
conste dello les haremos merced para ellos y para sus herederos y sucesores de
les dar y señalar de lo rrealengo e público y concegil algunas roças e
tierras e terminos... (36).
Por último; para acelerar el proceso de conversión, se prevé, literalmente,
separar a los niños de sus familias. Durante los dos primeros tercios del siglo
XVI, las autoridades se persuadieron de que nada podría obtenerse de los
adultos que habían sido educados en la fe musulmana. Valía más centrar todos
los esfuerzos en los hijos, siempre que fuesen separados del ámbito familiar.
Esto es lo que dice claramente el arzobispo granadino Pedro Guerrero en unas
Instrucciones redactadas probablemente hacia 1555-1560. Refiriéndose a los
alumnos de un Colegio-Seminario que desea fundar, precisa:
... no salgan del dicho Colegio hasta que sean sacerdotes, y les hayan oído
teología, y mientras estuviesen en el Colegio se les quite totalmente la
communicación con sus parientes (37).
Con esto, el arzobispo, cuya opinión era ampliamente compartida por los
cristianos viejos, subrayaba el papel preponderante de la familia como agente de
transmisión de la cultura musulmana. Si se desea extirparla, es necesario
intervenir en el corazón mismo de la familia.
Ni siquiera la conjunción de todos estos aspectos de la política de asimilación
dio buenos resultados. Ciertamente, las prácticas matrimoniales específicas de
los musulmanes sufrieron un gran retroceso, por no decir que llegaron a
desaparecer. Pero permanecieron en el recuerdo lo suficiente como para poder
resurgir cuando la crisis alcanza su paroxismo con la guerra granadina de
1568-1570, Hubo muy pocos matrimonios mixtos. Era tal la diferencia entre las
dos comunidades que ni cristianos ni moriscos veían con buenos ojos estas
uniones. Sería interesante poder rastrear el destino de estas parejas y de sus
descendientes; podemos concebir a priori que la mayor parte de las veces eran
rechazados por unos y por otros. En cuanto a los colegios destinados a moriscos.
hemos de decir que todos ellos. tanto los de Gandía y Valencia como el de
Granada, fueron un completo fracaso. Los cristianos nuevos los abandonan rápidamente.
La resistencia familiar fue más fuerte.
Después de 1570 se adoptan medidas más radicales. Ya que la familia. elemento
fundamental de la solidaridad morisca, resiste, hay que dispersar a sus
miembros. La solución más drástica ya había sido formulada anteriormente,
pero sólo como amenaza. Así, en 1521, Carlos V sugiere: "... será bien
que en las predicaciones se les declare que en casso que ellos estuviesen
pertinaces y endurescidos en su secta y determinassen irse fuera de nuestros
reynos, han de dexar sus hijos para que sean christianos, porque esto será
mucha parte para convertirse los padres..." (38). A partir de 1570, de las
amenazas se pasa a la acción. Los textos que definen las modalidades de expulsión
del reino de Granada no tienen en cuenta para nada la realidad familiar de la
minoría. Ciertamente, está previsto no separar a los miembros de una misma
familia, pero ésta se reduce al núcleo padres-hijos. Las terribles condiciones
del éxodo hacia el norte provocaron gran cantidad de fallecimientos y de
separaciones que acabaron de dispersar a la familia morisca (39). En la década
del 70, el único objetivo de numerosos deportados . es reunir los fragmentos
dispersos de su linaje. Sólo algunos lo consiguen. Simboliza el fracaso de la
mayoría la dolorosa existencia de Marcos el Meliche. Este monfí depuso las
armas en 1577 bajo la promesa de poder vivir con su mujer, su madre y su
hermana. No habiéndose reunido más que con su esposa, prefiere volver al
monte. La expulsión de 1570 fue, en muchos aspectos, un ensayo general de la de
1609-1614, la definitiva. Una vez más, no se tiene en cuenta la estructura
familiar de los expulsados. Para muchos, la partida significa la ruptura con la
tierra donde siempre han vivido, pero también la dispersión de la comunidad
familiar. En muchos casos, los niños menores de cinco años se quedan en el
territorio español y los adultos son dispersados al azar de las caravanas y los
bajeles.
En estas condiciones, ¿qué podía quedar de la ancestral estructura familiar?
Sin duda los moriscos expulsados intentaron, en la medida de lo posible, reunir
los elementos dispersos de su linaje. Pero surge la pregunta de si su capacidad
de resistencia fue vencida tras el largo asedio aculturante. Incluso aunque la
política de asimilación fracasara en lo esencial, hemos visto que el tiempo,
los inevitables intercambios entre las dos comunidades y la repetición de
medidas aculturantes habían atenuado seriamente los caracteres específicos de
la familia morisca. Las migraciones forzosas del último tercio del siglo
aceleran probablemente el proceso de desintegración, y me inclino a pensar que
éste, a principios del siglo XVII, estaba muy avanzado entre los granadinos,
quizá menos entre los valencianos. Pero para hacer un balance plenamente
satisfactorio habría que estudiar el sistema de alianzás y de relaciones de
los moriscos instalados en África del Norte tras la expulsión, con objeto
de saber si reproducen el modelo cristiano o si vuelven -y por qué vias- a las
costumbres durante tanto tiempo soterradas. Y seria necesario también hacer un
inventario de las costumbres locales españolas que pudieran testimoniar la
pervivencia del legado musulmán hoy día. ¿De dónde viene, por ejemplo, el
hecho de que, en algunos pueblos alpujarreños, los recién casados continúen
comiendo por separado, durante un año, cada uno con su familia? (40)
(1) B. BENNASSAR, L'homme espagnol, altitudes el mentalités du XVIe au XIXe
siedes, París, 1975.
(2) L. CARDAILLAC, Morisques et Chrétiens. un affrontement polémique
(1492-1640). Paris, 1977.
(3) F. RUIZ MARTÍN, "Movimientos demográficos y económicos en el reino
de Granada durante la segunda mitad del siglo XVI", Anuario de Historia
económica y social, 1968, pp. 127-183; B. VINCENT, ''L'AIbaicin de Grenade au
XVIe siec1e (l 527-1 587)", Mélanges de la Casa de Velázquez, 1971, pp.
187-215; versión española en Andalucfa en la Edad Moderna: Economia y
sociedad. Diputación Provincial de Granada, 1985, pp. 123-162.
(4) P. GUICHARD, Structures sociales "orientales" et
"occidentales" dans l'Espagne musulmane. Paris, 1977.
(5) L. del MÁRMOL CARVAJAL, "Historía de la rebelión y castigo de los
moriscos del Reyno de Granada", Historiadores de sucesos particulares..1
Biblioteca de Autores Españoles", 1946, pp. 266-267, 327. 346, 355.
(6) Archivo de la Chancillería de Granada, sección Apeos.
(7) P. GUlCHARD, op. cit.. p. 340.
(8) Archivo General de Simancas (AG.S.). Cámara de Castilla, leg. 2150
(9) M. C. VILLANUEVA RICO, Casas, mezquitas y tiendas de los hdbices de las
iglesias de Granada. Madrid, 1966, p. 6.
(l0) AG.S., Contadurías Generales, leg. 358. Los subrayados son nuestros.
(11) D. HURTADO DE MENDOZA, "Guerra de Granada hecha por el rey de España
don Felipe II contra los Moriscos de aquel reino, sus rebeldes"
Historiadores de sucesos paniculares, 1, Biblioteca de Autores Españoles, 1946,
p. 74.
.
(12) L. del MÁRMOL CARVAJAL, op. cit., p. 188.
(13) Sin duda, ambos son el mismo linaje.
(14) L. del MÁRMOL CARVAJAL, op. cit.. p. 234.
(15) R. FOULCHE-DELBOSC, "Memoria de Francisco Núñez Muley., Revue
Hispanique. 1901, pp. 205-239; K. GARRAD, 'The original Memoría! of don
Francisco Núñez Muley", Atlante. ] 954, pp. 203-226. Ha sido publicado un
extracto del texto original, que se encuentra en el archivo de la Alhambra, lego
159, por A GALLEGO BURíN y A. GAM]R SANDPV AL, Los Moriscos del Reino de
Granada según el sínodo de Guadix de 1554. Granada, ]968, pp. 275-279. Por
otra parte, L. del MÁRMOL ,CARVAJAL conocía el original, del cual ofrece un
resumen en su crónica, op. cit.. pp. 163-]65. Este resumen lo reproduce M. GARCiA
ARENAL, Los Moriscos. Madrid, 1975. Pero la excepcional riqueza del texto obliga
a utilizar el texto completo. El pasaje aquí citado se encuentra en ed. Foulché-Delbosc,
p. 229; ed. Garrad, p. 218.
(16) Archivo de la Alhambra, leg. ]88, p. 1.
(17) B. VINCENT, "Les bandits morisques en Andalousie au XVIe siecle",
Revue d'Histoire modeme et contemporaine. 1974, pp. 389-400. Recogido en este
volumen con el titulo "El bandolerismo morisco en Andalucía (siglo'
XVI)'".
(19) A. GALLEGO BVRÍN Y A. GAMIR SANDOVAL, op. cil.. p. 204. Ver también 1.
CARO BAROJA, Los Moriscos del reino de Granada. Madrid, 1957, pp. 128-129, 2.'
ed. Madrid, 1976.
(20) P. BORONAT, Los Moriscos españoles y su expulsión, Valencia, 1901, t. 1,
p. 424.
(21) D. HURTADO DE MENDOZA, op. cit.. p. 103.
(22) AG.S.. Cámara de Castilla, leg. 2183.
(23) A GALLEGO BURíN y A GAMIR SANDOVAL, QP. cit..p.230.
(24) D. HURTADO DE MENDOZA, op. cit.. pp. 77-78.
(25) L. del MÁRMOL CARVAJAL. op. cit.. p. 238.
(26) Memorial de Núñez Muley, ed. Foulché-Delbosc, p. 213; ed. Garrad, p.
209.
(27) Memorial de Núñez Muley, ed. Fou1ché-Delbosc, p. 223; ed. Garrad, p.
215.
(28) A.G.S., Contadurías Generales, leg. 358; ver también A.G.S., Cámara de.
Castilla, leg. 2180, documento del 3O-VI-1579. En él, Hernando de Fez Muley
declara: "(soy) de linaje de los rreyes de Fez y Marruecos" e insiste
"soy de linaje de los rreyes". Precisa que ejerció las funciones de
repartidor mayor de la farda. estima el valor de sus bienes confiscados en 8.000
ducados, mientras que tiene catorce hijas y nietas a su cargo, todas ellas
viudas.
(29) P. BORONAT,op. cit.. t. 1, pp. 549, 555, 559, 563; E. CISCAR, R. GARcíA
CÁRCEL, Moriscos i Agermanats. Valencia, 1974, p. 173.
(30) La documentación sobre esta familia se encuentra en A.G.s., Cámara de
Castilla, leg. 2178 y 2181 Y Cámara, Cédulas, lib. 255. He hecho amplio uso de
ella en B. VINCENT "La présence morisque dans le Royaume de Grenade apres
rexpu1sion de 1570", comunicación del Congreso de Historia de Andalucia
(diciembre de 1976), publicado en Andalucfa en la Edad Moderna: Economla y
sociedad. Diputación Provincial de Granada, 1985, pp. 267-286.
(31) Memoria de Núñez Muley, ed. Foulché-Delbosc, p. 219; ... Garrad, p. 213.
(32) Ver A. DOMíNGUEZ ORTIZ y B. VlNCENT, Historia de los moriscos. Vida y
tragedia de una minoria, capítulo titulado "El levantamiento de los
moriscos granadinos", Madrid, 1978.
(33) Archivo Histórico Nacional (A.H.N.), Inquisición (Inq), leg. 1953 (5).
(34) M. GARdA ARENAL, Inquisición y moriscos. Los procesos del Tribunal de
Cuenca. Madrid, 1978.
(35) A.H.N., Inq., leg. 1953 (1) Y (2).
(36) AG.S., Cámara de Castilla, leg. 2161, fol. 108,8 de diciembre de 1526.
(37) A GARRIDO ARANDA, "Papel de la Iglesia de Granada en la asimilación
de la sociedad morisca", Anuario de Historia moderna y contempordnea.
1975-1976, p. 90.
(38) A.H.N., Inq., lib. 256, fol. 462 v", citado por A. REDONDO, Antonio de
Guevara (1480?-1545) el /'Espagne de son temps. Ginebra, 1976, p. 249.
(39) It. VINCENT, "L'expulsion des Morisques du Royaume de Grenade et leur
répartition en Castille", Mélanges de la Casa de Velázquez. 1970, pp.
211-246; versión española en Andalucla en la Edad Moderna: Economla y
sociedad. Diputación Provincial de Granada, 1985, pp. 215266.
(40) Esta indicación me ha sido proporcionada por M. Garzón Pareja. Sin duda
es, entre otros, un indicio de prometedoras investigaciones en el terreno de la
etnohistoria
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