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Contexto histórico |
El paisaje
geopolítico entre 1598 y 1621
En 1598 se firma, después de veinte años de conflicto, el tratado de
Vervins entre las monarquías enfrentadas de Francia y España[1].
Este acuerdo abre un periodo relativo de paz en Europa y entre ambas
coronas[2],
que continuará hasta 1621[3].
Entre ambas fechas, 1598 y 1621, se intercalan los dobles matrimonios
reales de 1615 – entre la infanta Ana de Austria y el monarca francés
Luis XIII, entre la princesa Isabel de Borbón y el futuro rey Felipe IV
de España -, que confirman la alianza de las dos coronas, la francesa y
la española, mediante un doble enlace que asegura a través del lazo
personal lo que estaba firmado oficialmente desde finales de siglo (paz de
Vervins). Se ha titulado con frecuencia esta etapa de ‘paz armada’, paro técnico
o pausa obligada en la confrontación por el dominio en Europa; se la ha
considerado un interludio entre dos grandes periodos históricos, un
periodo sin historia; se la ha despreciado como objeto de investigación
y se ha denigrado a sus actores políticos principales (Felipe III[4]
y su valido Lerma[5], la regente de Francia María
de Médicis y su favorito Concini, el rey de Inglaterra Jaime I, el estatúder
de Holanda o el emperador Rodolfo II de Alemania). En España se habla de
proceso de refeudalización[6]
o de crisis general[7], en Francia de caos
nobiliario, en Inglaterra de dominio cortesano, una auténtica marcha atrás
o, como mínimo, frenazo en la construcción del estado moderno. En 1621, se acaba ese llamado paréntesis de tregua, comenzando con la
defenestración de Praga toda una serie de episodios que llevarían a la
guerra de los treinta años y a la declaración de hostilidades abiertas a
partir de 1635 entre España y Francia.
Comienza una época de auténticos hombres de estado, una
era viril y batalladora (como la definió Cánovas del Castillo). Los
historiadores, naturalmente, han llenado de luz y taquígrafos este
periodo guerrero y lo han tratado con mucha más condescendencia, cuando
no han hecho apología de sus protagonistas: fundamentalmente, el cardenal
de Richelieu, en el caso francés, y el conde duque de Olivares, por parte
española. ¿Es posible cambiar de perspectiva? Nosotros lo vamos a intentar en este
trabajo, aunque nos enfrentemos a grandes dificultades. El tratado de Vervins de 1598 había sido aparentemente una restauración
de la paz de Cateau-Cambrésis de 1559[8]
a la que copia en estilo, en intenciones políticas e incluso en frases
concretas[9].
Se trataba de restaurar el equilibrio roto entre las monarquías de
Francia y España, con la vuelta a las fronteras de mediados del siglo
XVI. Se iniciaba un nuevo periodo histórico – abierto por el propio
gobierno de Felipe II, hecho que olvidan los historiadores guerreros
– y, sobre el que los contemporáneos situaban sus esperanzas en un
cambio generacional que llegó ese mismo año con la muerte del monarca[10].
En Francia, el Tratado de Vervins también representa una revolución política
ya que, junto con el edicto de Nantes proclamado días antes[11],
significa el fin de las guerras civiles religiosas entre católicos y
protestantes, el comienzo de una nueva dinastía (la casa de Borbón a la
que legitimaba el tratado), la restauración de las fronteras del reino
tanto internas como externas y, finalmente, el comienzo implícito de una
dinámica expansiva[12] que se comprobará
terriblemente durante el siglo XVII. El tratado de Vervins es asimismo un
replanteamiento de objetivos: se abandona relativamente el objetivo
Italiano[13] y se lanzan nuevas
ambiciones territoriales que van desde los Países Bajos al Mediterráneo,
como se verá en el posterior tratado de Lyon (1601)[14]
firmado con el ducado de Saboya al que se irá atrayendo a la órbita
francesa, apartándolo de la tradicional esfera española en que se
encontraba a finales del siglo XVI. Asimismo, Francia abre la puerta a la
intervención en el imperio (Alsacia, Lorena y el Franco Condado) y en el
Atlántico[15]
(comercio con América e implantación de colonias). El Tratado de Vervins, sin embargo, no es ratificado con unos matrimonios
reales – como lo fue el de Cateau-Cambrésis y como era habitual en
todos los tratados reales -, y las conversaciones para completarlo
comienzan desde 1601 con el nacimiento de los dos primogénitos (niña y
niño, Ana de Austria y Luis XIII) en las cortes de París y Madrid con
pocos días de diferencia (22 y 27 de septiembre de 1601). A principios del siglo XVII, los tratados de paz se suceden por parte
española en todo el escenario continental[16].
Se acuerda la interrupción de hostilidades con el imperio turco, se
completa una paz con Inglaterra aprovechando el cambio de dinastía[17],
se intenta reforzar la paz con Francia[18]
mediante los acuerdos matrimoniales[19]
en marcha, se neutraliza la relación con el imperio desde 1605 y se
finaliza una tregua con los holandeses en 1609. Los matrimonios reales de
1615 se enmarcan, o son consecuencia, de un periodo de calma titulado
general – y paradójicamente - como crisis de la hegemonía española[20].
Sin embargo, en toda Europa es el momento de mayor conciencia – y
temor - ante la preponderancia española acusada constantemente, o
celebrada, por buscar la supuesta monarquía universal[21].
En Europa, los cambios geopolíticos en este periodo son
transcendentales, anunciados por unos relevos dinásticos que cambian prácticamente
toda la periferia continental: Inglaterra[22]
se une al reino de Escocia en la persona de
Jaime I Estuardo (Jacobo VI de Escocia)[23],
heredero tanto de Isabel I (1603) como de María Estuardo; Suecia acaba
con la dinastía mayor de los Vasa mediante el ascenso al trono de Gustavo
II Adolfo en 1611; Rusia aparece como potencia oriental con la implantación
de los Romanov[24]
en 1613; Polonia-Lituania entra de nuevo en una dinámica electiva, con el
fin de la dinastía Vasa, y abre el periodo de la anarquía nobiliaria que
llevará a la desaparición del reino[25].
En el imperio[26], la crisis dinástica
provocada por la sucesión del emperador Rodolfo II tendrá unas
consecuencias dramáticas y cerrará el periodo de relativa paz en Europa
dando comienzo a la guerra de los Treinta Años. [1]
VIDAL, PILLEBOUE (1998), La paix de Vervins 1598 ; LABOURDETTE,
POUSSOU, VIGNAL (2000), Le Traité de Vervins. [2]
BÉLY
(2000), « La paix de Vervins : fille d’Enfer ou fille de
Dieux ? », p.557-568.
[3]
ALLEN (2001), Felipe III y la Pax Hispánica, 1598-1621 : el
fracaso de la gran estrategia. [4]
“Felipe III cómodamente investido de rey fainéant”, BOUZA
(1995), “Cortes festejantes. Fiesta y ocio en el cursus honorum
cortesano”, p.186. [5]
GARCíA GARCíA (1991), “Pacifismo y reformación en la política
exterior del duque de Lerma: apuntes para una renovación historiográfica
pendiente”, p.207-222. [6] ATIENZA HERNÁNDEZ (1994), “Refeudalisation in Castilladuring the
seventeenth Century: a cliché”, p.249-276. [7] THOMPSON, YUN CASALILLA (1994), The Castilian Crisis of the
Seventeenth Century, 1994. [8]
VAZQUEZ
DE PRADA (2000), « Philippe II et la France. De Cateau-Cambresis
à Vervins. Quelques réflexions. Quelques précisions »,
p.135-158. [9]
En el artículo 1º del tratado se alude concretamente al tratado de
Cateau-Cambrésis como base de negociación. [10]
ALAMOS DE BARRIENTOS (1598), Discurso
político al rey Felipe III al comienzo de su reinado. [11] GARRISON (1985), L’Édit de Nantes et sa révocation: histoire d’une
intolérance. [12] HAYDEN (1973), “Continuity in the France of Henry IV and Louis XIII:
French foreign policy 1598‑1615”, p. 1‑23. [13]
BERCÉ
(1998), « Les enjeux de la paix en Italie du Nord : le rôle
du comte de Fuentes (1600-1610) », p.175-184. [14]
TURREL
(2001), « Le Traité de Lyon (1601) » ;
HUGON
(2001), "Le duché de Savoie et la Pax Hispanica autour du
traité de Lyon (1601)" ; LE ROUX (2001), « "Ce
sont les rois qui ont les jettons à la main". Henri IV, la
noblesse et la guerre autour de 1600 » ;
BECK, TURREL (2001), "Langue et nationalité : sur la
fortune d'une phrase d'Henri IV" ; PARKER (2001), "Le traité
de Lyon et le "chemin des Espagnols" ;
BELY
(2001), "La polémique autour de L'Ambassadeur de Jean
Hotman : culture et diplomatie au temps de la paix de Lyon".
[15]
GRUNBERG
(1998), « L’Amérique et la paix de Vervins »,
p.161-174. [16]
LYNCH (1993), “El mundo hispánico en 1600”, en Los Austrias
(1598-1700), Historia de España, XI, p.11-24 [17]
Embajada del conde de Villamediana y del duque de Frías y condestable
de Castilla, don Alonso de Velasco, firma del tratado hispano-inglés
de
1604, GUIZOT (1863), Un projet
de mariage royal, p.24. [18]
EIRAS
ROEL (1971), «Política francesa de Felipe III: las tensiones con
Enrique IV», p.245‑336. [19]
« En
quittant l’Angleterre, dans l’automne de 1604, après y avoir
conclu la paix, le connétable de Castille, don Alonzo de Velasco,
avait traversé la France, s’était arrêté à Fontainebleau, où
se trouvait Henri IV, et avait jeté, à travers la négociation
commerciale qui se suivait entre la France et l’Espagne, de
pompeuses ouvertures pour une alliance politique des deux couronnes ;
même, dit Sully, « pour un double mariage de leurs communs
enfants, qu’il semblait que Dieu eût rendus d’un âge sortable
pour l’établissement d’un si grand bien », GUIZOT (1863), Un
projet de mariage royal, p.27. [20]
ANDRES-GALLEGO
(1989), « La crisis de la hegemonía española », VII. [21]
1600.
CAMPANELLA, Della Monarchia di Spagna. Sobre Campanella ver PADGEN,
TRUYOL Y DIEZ DEL CORRAL. [22] POUSSOU (2000), « La politique extérieure d’Elisabeth I et la Paix
de Vervins », p.247-266. [23]
Se trataría de una unión personal mantenida por los Estuardo hasta
las guerras de sucesión de finales de siglo y el cambio de dinastía
constituyendose el Reino Unido de la Gran Bretaña por el Acta de Unión
de 1707. Inglaterra y Gales se unieron administrativa, política y legalmente en
1542. Las coronas de Inglaterra y Escocia se unificaron en 1603,
aunque ambos países continuaron siendo entidades políticas separadas
hasta el Acta de Unión de 1707, a partir de la cual surgió el Reino
Unido de Gran Bretaña. Desde 1801, año en que Gran Bretaña e
Irlanda se unieron, hasta la creación del Estado Libre de Irlanda en
1922, el reino se designó oficialmente Reino Unido de Gran Bretaña e
Irlanda. [24]
Precisamente, en pleno desarrollo de las bodas reales de 1615,
aparecen en Francia los primeros embajadores de la nueva dinastía de
los Romanov, NASAROV,
OUVAROV (2000), « Les premiers Bourbons et le premier Romanov :
la relation de l’ambassade de France d’Ivan Kondyrev et de Michaïl
Neverov », p.473-482. [25]
SERWANSKI,
(2000), « A contre-courant, de la tolérance à la politique de
la contre-réforme : la Pologne à la fin du XVIe et au début du
XVIIe siècle », p.483-492. [26] MALETTKE (2000), « Le traité de Vervins et ses conséquences pour
l’Empereur et pour l’Empire », p.493-512. |
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