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Olallo Morales Mi agradecimiento al profesor Gabriel Núñez por la publicación de este artículo
"La función de esta burguesía dependiente será adaptar los cultivos de autoabastecimiento cambiándolos en cultivos para la exportación y regentar los emporios de riquezas naturales, cuya propiedad sin embargo, por medio de las concesiones estatales, se encontrará fundamentalmente en manos de firmas francesas, inglesas, alemanas... (luego, norteamericanas)"
¿Qué
nos interesa de esta tragedia personal? ¿Aporta algo al conocimiento de
la Historia de Almería, a la andaluza, a la española – y la general de
la Comunicación mundial
- en el periodo situado entre mediados y finales del siglo XIX?
0lallo Morales es un personaje típico, pero extraño a su estrato social por pertenecer a la avanzadilla vanguardista que en torno de Nicolás Salmerón lucha y pierde la batalla liberal en España.
Zelma Wilksman, de vacaciones en un lago de Suecia, en la época en que escribió sus memorias.
Ninguna de estas aportaciones, la de la viuda o la del amigo íntimo, tienen porque ser una versión objetiva ya que “en la ideología se representa no el conjunto de las relaciones reales que rigen la existencia de los individuos, sino la relación imaginaria de esos individuos con las relaciones reales en que viven”.
La división del trabajo en tres apartados (anos 1869, 1879, 1889) tiene, aparte de un sentido novelesco de hilazón argumental, situar al personaje entre tres fechas claves en su vida, al mismo tiempo que conexionadas con la actitud que la burguesía adopta como clase ante los acontecimientos de finales de siglo. |
José María Perceval Olallo Morales, análisis de una sociedad enferma" Boletín
del Instituto de Estudios Almerienses, 4, Almería, 1984, p.159-182. ACLARACIÓN PREVIA Los estudios
históricos sobre la formación social andaluza, durante el siglo XIX, apuntan a
enmarcarla como una economía dependiente. Es decir, incluida (sobre todo,
después de 1830) dentro de los circuitos comerciales creados por las
sociedades autocentradas, donde la Revolución Industrial ya se había
realizado, y a las que abastecía de materias primas, siendo receptora de
productos manufacturados. La consecuencia
técnica de este
sistema de economías dependientes (descentradas) y metrópolis industriales
(autocentradas) se reflejaría
en el enorme desarrollo de los transportes, sobre todo marítimos,
asentando caladeros en los puntos costeros más estratégicos (luego
puertos importantes) y redes de ferrocarril que crean una extraña geografía
de países orientados (y gestionados) hacia el exterior. Sus consecuencias políticas darían
comienzo a la etapa del colonialismo (directo o indirecto), repartiéndose
el mundo las potencias industriales, invadiendo los territorios asignados
con la destrucción de los gobiernos locales (intervención directa) o
forzando gobiernos favorables a las concesiones en aquellos países donde
una mínima estructura estatal impedía la penetración del ejército
(intervención indirecta). Sus consecuencias sociales
representaron la conformación de una capa burguesa o paleo burguesa en
estos segundos países (creada con la oligarquía local en muchos casos
descendiente de la antigua aristocracia, nuevas capas comerciales y los funcionarios
de las compañías navieras y comerciales extranjeras a veces directamente
trasladados de la metrópoli). La función de todo este grupo heterogéneo será adaptar los cultivos de
autoabastecimiento, cambiándolos en cultivos para la exportación, y
regentar los emporios de riquezas naturales, cuya propiedad sin embargo,
por medio de las concesiones estatales, se encontrará fundamentalmente en
manos de firmas francesas, inglesas, alemanas... (luego, norteamericanas). Dentro de este esquema,
nuestro personaje Olallo Morales Lupión se define como un
representante típico de esta burguesía comercial y financiera, dentro de
una economía dependiente como es la andaluza, y cuyos esfuerzos
renovadores, desde la rebelión ideológica al marco de la España
conservadora hasta los intentos de innovación técnica, se encontrarían
abocados al fracaso. ¿Qué nos interesa de esta tragedia personal?
¿Aporta algo al conocimiento de la Historia de Almería, a la andaluza, a
la española – y la general de la comunicación mundial
- en el periodo situado entre mediados y finales del siglo XIX? Carlo Ginzburg nos dice que “en algunos
estudios biográficos se ha demostrado que en un individuo mediocre (en el
buen sentido de la palabra), carente en sí de relieve diferenciado (ni un
líder ni un revolucionario) y, por ello, representativo, pueden
escrutarse, como en un microcosmos las características de todo un estrato
social en un determinado periodo histórico” (Ginzburg, EI
queso y los gusanos, 1981,
p. 22). Nos encontraríamos desde esta perspectiva, cercana a la
historia de ]as mentalidades, con un hombre crisol donde se subsumen las
contradicciones, los anhelos y la lucha de su fracción de clase por
imponer su «modo de vida. Pero, ¿no está clara la línea general del
periodo que se estudia como un macrocosmos? ¿No nos perderemos en lo
particular, lo individual, lo novelesco? Estamos de acuerdo con Pierre
Vilar, cuando recomienda huir de la teoría a los casos (VILAR, Economía, Derecho, Historia, 1983, p. 225). Estudiando lo
particular pueden surgir no sólo contradicciones con ideas generales y
académicamente admitidas, sino sugerencias para posteriores estudios. En
esta época de furor informático y matemático (en plena obsesión de
serializar cualquier momento histórico como única forma de hacerlo
comprensible), E.P. Thompson señala que sólo con una serie de profundas
indagaciones particulares podremos elaborar un programa articulado para
someterlo a la computadora. Y aun más, se puede afirmar que “el tema y
la posibilidad de una historia global comienza a borrarse y se esboza por
el contrario los lineamientos, muy distintos, de lo que se podría llamar
una historia general” (FOUCAULT, La Arqueología
del Saber, 1970 p. 15). No se trata de caer en la atomización sino de realizar
catas sugerentes en estudios particulares. Otra aclaración. 0lallo Morales es un
personaje típico, pero extraño a su estrato social por pertenecer a la
avanzadilla vanguardista que en torno de Nicolás Salmerón lucha y pierde
la batalla liberal en España. La autonomía relativa de la ideología con
respecto a otros niveles de la formación social, crea estas
contradicciones entre miembros de la misma clase, en este caso con su
propio padre, sus amigos, su ciudad... El trabajo que presento esta basado
en la interpretación de estos acontecimientos más cercana a la de
0lallo, la de su propia esposa Zelma Wilskman, en las memorias elaboradas
cuarenta años después de la muerte de 0lallo
y en declaraciones de su amigo Antonio Rubio en el Libro Del Mar
al cielo. Me ha sido facilitada una traducción de las memorias de
Zelma Wilskman, originalmente escritas en sueco, por su nieta Mónica
Morales de Schild, que también me entregó la necrológica publicada en
el diario “La Crónica Meridional”, 27 de Agosto de 1889, escrita por
Antonio Rubio, y un articulo en el mismo periódico firmado por Olallo
Morales Lupión y titulado “Climatología de Sierra Nevada” (26 de
Septiembre de 1888). Han sido importantes sus aportaciones personales al
texto de mi trabajo ya que corrigió Mónica Morales su primera versión.
Destaco las acotaciones al texto que me sugirió María del Mar Cruz Muñoz,
aportando datos conservados en la memoria de su familia respecto al
personaje (tío abuelo suyo). Por su parte, el texto de Antonio Rubio,
Del Mar al cielo, es
la crónica de un viaje a Sierra Nevada con un apéndice que
comprende la reseña científica completa de esta región y la memoria
presentada a la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales,
por el Excmo. Sr. General Don Carlos Ibáñez, respecto a las operaciones
practicadas en Mula-Hacen para el enlace geodésico y astronómico
de Europa y África, publicado en Almería, Imprenta de la Viuda Cordero,
1881, 426 paginas. Ninguna de estas aportaciones, la
de la viuda o la del
amigo íntimo, tienen porque ser una versión objetiva ya que “en la
ideología se representa no el conjunto de las relaciones reales que rigen
la existencia de los individuos, sino la relación imaginaria de esos
individuos con las relaciones reales en que viven”. Los datos de
ambientación pueden encontrarse en los diversos manuales de Historia de
Almería durante el siglo XIX y he añadido algunos recuerdos conservados
por la familia de 01allo Morales, a través de generaciones. Creo que este
trabajo puede servir para eliminar la confusión entre los tres 0lallos,
abuelo, hijo y nieto, habitual en las historias de Almería de nuestros
cronicastros locales, que hacen viajar a Suecia al viejo 0lallo, o
convierten en Alcalde de Almería a 0lallo Morales Lupi6n a la tierna edad
de catorce años. Añado una genealogía de la familia Morales que se hizo
en tiempos de sus hijos manuscrita, copiada de diversos documentos del
archivo municipal de Roquetas de Mar y continuada hasta el presente por mí,
gracias a los datos aportados por su descendiente el señor Herbert
Hylander Morales. La división del trabajo en tres apartados
(anos 1869, 1879, 1889) tiene, aparte de un sentido novelesco de hilazón
argumental, situar al personaje entre tres fechas claves en su vida, al
mismo tiempo que conexionadas con la actitud que la burguesía adopta como
clase ante los acontecimientos de finales de siglo. En 1869 0lallo Morales
Lupión vuelve a Almería de sus estudios en el colegio regentado por
Nicolás Salmerón, después presidente a la 1 ° Republica Española. El
año anterior, 1868, ha ocurrido la ultima revolución liberal encabezada
por la burguesía española con la efímera consecuencia del sufragio
universal y el intento de desmantelar las estructuras arcaicas del Antiguo
Régimen mantenidas durante el reinado de Isabel II. En 1879, 0lallo regresa arruinado después de
su experiencia europea. Antes, en 1875 se ha cerrado en España
definitivamente la experiencia progresista mediante el pacto (Constitución
de los notables) que cierra las veleidades reformistas de la burguesía
española ya aguijoneada por la sombra de la Primera Internacional. La
burguesía se alía con la aristocracia y vuelve al redil eclesiástico,
al que se entregan la importante área de la educación. 0lallo Morales
queda descolgado de esta nueva posición de su clase y sufrirá las
consecuencias. En el año 1889 0lallo Morales sufre su ultimo
ataque de tisis mientras trabaja sobre los planos del ferrocarril
Linares-Almería que supera el tradicional aislamiento por tierra de
la provincia. 0lallo todavía cree en el progreso científico como
liberación (frente al progreso social definitivamente abandonado como
meta). Sin embargo, su fracaso, su ruina, es significativa del definitivo
desenganche de Almería de la revolución industrial que provocará la
masiva emigración de su población y su posicionamiento como provincia
subdesarrollada con graves contradicciones sociales hasta el estallido de
la guerra civil. Después del trágico final de nuestro protagonista, la familia de 0lallo Morales Lupión se integra perfectamente en la sociedad sueca, en la que se exilia después de su muerte, y a la que aporta tres generaciones diversos profesionales liberales, médicos, músicos o diplomáticos, destacando 0lallo Morales Wilskman (el neto músico) del que hace años el Ateneo de Almería pensó editar un long play con su música más representativa. Olallo Morales Wilskman, incluido en la Enciclopedia Sueca, fue director de la Orquesta Sinfónica de Göteborg, profesor del Conservatorio de Estocolmo, y secretario de la Real Academia Sueca de Música. Sus obras más conocidas son: Sinfonía en Sol Menor; concierto de violin en Re Menor; Tríptico; música para Bodas de Sangre de García Lorca; música para teatro de Strindberg, Nostalgia Opus 15, y las Bodas de Camacho. Fundó la Sociedad Española de Estocolmo y contribuyó a la concesión del Nóbel a Benavente informando a la academia Sueca.
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De izquierda a derecha: Francisco, Elena, Zelma y Olallo en Milán.
Los nuevos habitantes,
encierran a los viejos ciudadanos, con sus maneras desenvueltas, sus
modales importados, su lujo de nuevos ricos.
El abuelo, Olallo Morales el Viejo es propietario de minas de plomo en Berja y al mismo tiempo Presidente-tesorero de una sociedad por acciones en el Presidio de Andarax.
Olallo el Viejo es cauto, astuto, calculador. De maneras serviciales, sabe pactar y comerciar, ceder y avanzar, siempre pensando en un beneficio a largo plazo.
La revolución de Septiembre del 68 ha puesto todo patas arriba; el trono borbónico ha sido tirado por tierra, los radicalismos se han desatado y, mientras se suceden los alcaldes y gobernadores, en Madrid se discute qué mejor rey le conviene a España.
Se siente liberado, separado del resto de la humanidad, marcado por su enfermedad que le da un aura heroica. Desea aprender, conocer, vencer al mismo tiempo la tuberculosis particular y la ignorancia de sus contemporáneos.
Olallo llena la casa del Malecón de
libros, de instrumentos astronómicos, y coloca un cocodrilo que se ha traído
de Argelia, en la alberca del patio.
Nombrado por la Republica Española,
secretario de la legación en Roma, OlaIlo se dedica a seguir cursos en el
Observatorio bajo la guía del astrónomo padre Secchi. Con su flamante
titulo diplomático, su orgullo a toda prueba y arrastrando el riesgo de
un posible rechazo, se presenta en Suecia, donde Zelma finalmente se
rinde. Se casaran el 30 de Diciembre de 1873 en la mansión de
Johannesberg, propiedad de su abuelo. |
1869 Un hombre joven pasea pensativamente por el
malecón, junto a la orilla. Tose un poco, levemente, y se lleva la mano
hacia el pecho en actitud de defensa contra un mal que le corroe
interiormente. Va vestido impecablemente, aunque en cierto aspecto astrado
del traje, se revela una noche larga y plena de acontecimientos. Chaqueta,
pantalón, hechos a la medida en Liverpool y traídos con un cierto
retraso a finales del verano pasado en un paquebote de la compañía
naviera de sus primos. Va tocado por un sombrero, corto y redondo, a la
moda, aunque no le gusta llevarlo; juguetea entre las manos con un bastón
demasiado fino como para servir de apoyo. Mira hacia atrás, a la ciudad todavía
silenciosa en el amanecer, aunque ya surgen los primeros ruidos anunciando
la actividad portuaria. La campana de la Vela dio hace un momento, las últimas
órdenes del riego nocturno de la vega; los pescadores cuentan su botín y
discuten de precios con comerciantes madrugadores, un carro arrastra su
mercancía hacia el mercado. La ciudad aparece descompuesta, altiva, en
obras, con las nuevas construcciones que han surgido tras la destrucción
de la muralla y a costa suya. Los edificios con balcones orgullosos,
orientados hacia el mar, separados por anchas avenidas, que aíslan en
callejuelas encontradas a la vieja urbe. También los nuevos habitantes,
encierran a los viejos ciudadanos, con sus maneras desenvueltas, sus
modales importados, su lujo de nuevos ricos. Estamos en 1869 y acaba de morir esta misma
noche el padre de 0lallo, que ni siquiera ha podido ver terminada del todo
su nueva casa, un verdadero palacio, junto al mar en las antiguas
atarazanas. Construcción realizada a costa de esas murallas que
defendieron durante siglos a esta ciudad. Fue necesario derruir el torreón
del Silencio para lograr el solar donde se alzará la más orgullosa mansión
del puerto, cumbre de la obra de este gran hombre de negocios, de esta
familia que durante tres generaciones irá acumulado una gran fortuna, un
enorme poderío y todo el prestigio posible, para otorgárselo a él,
primogénito de los Morales. Proceden de Félix, pero han labrado su
destino a lomos de la Sierra de Gador. El abuelo, Olallo Morales el Viejo
es propietario de minas de plomo en Berja y al mismo tiempo
Presidente-tesorero de una sociedad por acciones en el Presidio de
Andarax. Ha sabido administrar su fortuna y acrecentarla con la de su
mujer, Teresa Lupión Padilla. Ha comprendido, en la década del 50, el
final del Eldorado virgitano, trasladándose a Almería y acercándose al
centro comercial y político de la provincia. Siendo un acaudalado
financiero, no es extraño que se convierta en un prócer municipal,
llegando a teniente de alcalde en 1865 y, al año siguiente, al renunciar
Francisco Jover, accediendo a la alcaldía. Quizá sea el temor al secuestro, debido al anónimo
que en 1861 recibe de una titulada sociedad liberal‑democrática,
exigiéndole un préstamo de doce mil reales, lo que le aconseja alejar a
su hijo 0lallo de Almería. Quizá sea el miedo a que contraiga la
enfermedad que se Ilevara a la tumba en 1862 a su hijo mayor Eduardo. Lo cierto, es que el joven a la edad de diez años,
sale en diligencia para Granada y de allí a Madrid, para entrar en la
escuela que el paisano Nicolás Salmerón regenta. Ya no volverá siendo
el mismo. Ahora, después de unos años de separación, se han enfrentado
cara a cara. Olallo el Viejo, antes de morir, ha tenido frente a sí al
heredero de su fortuna pero no lo ha entendido. Este muchacho de modales
educados, mirada altanera y hablar rápido, le resulta absolutamente
incomprensible. Los dos Olallos representan dos mundos completamente
diferentes, y uno de ellos agoniza. Olallo el Viejo es cauto, astuto, calculador.
De maneras serviciales, sabe pactar y comerciar, ceder y avanzar, siempre
pensando en un beneficio a largo plazo. Olallo el Viejo tiene conciencia
de arribista y sabe que, en Berja, muchos recuerdan que su mujer, Teresa
Lupión, dos años mayor que él, es ‘la rica’. Ha sabido encaramarse
a la cumbre del poder ganándose la confianza de las viejas fuerzas oligárquicas.
Pertenece a esa burguesía conservadora financiera, que apoya a Isabel II,
sus excesos y su aventura africana, que mientras proclama en voz alta, su
celo católico, paga bajo mano a agentes de la bolsa la compra de las
tierras desamortizadas en 1838 y 1855. Olallo, su hijo, lo asusta, le conmueve, y le
inquieta. Se declara teósofo, panteísta, naturalista, demócrata. Le
habla de la identificación del hombre con la naturaleza y, como a través
del estudio de sus leyes eternas, se puede extraer un conocimiento más
científico del propio hombre. Todos somos iguales porque nuestros
organismos lo son, sin importarle al físico si se trata de un noble título,
un rico hacendado o un pobre, el cadáver que estudia en su mesa de
disección. Olallo expone vehementemente, convencido, tanto de las
diversas teorías sobre el origen del hombre que hacen reír a sus
hermanas como de los falansterios donde la copulación se practica entre
todos los miembros sin tener en cuenta el matrimonio. Doña Teresa se tapa
los oídos horrorizada, y Olallo el Viejo impone silencio desesperado, sin
atreverse a darle una bofetada a ese muchacho impertinente. Para colmo, la revolución de Septiembre del
68 ha puesto todo patas arriba; el trono borbónico ha sido tirado por
tierra, los radicalismos se han desatado y, mientras se suceden los
alcaldes y gobernadores, en Madrid se discute qué mejor rey le conviene a
España. Han surgido partidos nuevos, asociaciones obreras y en el mercado
extraños oradores hablan de democracia, república, socialismo e igualdad
social. Olallo el Viejo ha cerrado su casa, ha evitado lujos innecesarios,
desconfía de todo hasta de la milicia nacional y teme al sufragio
universal prometido por los vencedores del alzamiento militar. Prim,
Serrano y el almirante Topete, son espadones conocidos pero han
desencadenado fuerzas incontrolables que llevarán al país en una sucesión
de conmociones desde la monarquía liberal a la república y el
cantonalismo. Y Almería llegará a ser bombardeada por los barcos del
cantón independiente de Cartagena en 1873. Olallo el Viejo ha muerto
cuatro años antes y, esta muerte, desata la tormenta idealista, fantástica,
delirante de su hijo Olallo que hasta ahora con autoridad había sabido
reprimir. Doña Teresa no puede parar al joven aventurero. Los médicos le
dan el certificado de liberación absoluta al condenarlo a un fin próximo:
aseveran que tanto el como su hermano Francisco, están aquejados de
tuberculosis, mal que no tiene ninguna curación mas que determinados
tratamientos salutíferos sobre los que disienten las diversas escuelas
que han estudiado la tisis. De estas recomendaciones y remedios le quedará
a Olallo la búsqueda de aires sanos y el gusto por la carne cruda. Olallo ya ha visitado el norte de África,
Londres y Paris. En la capital francesa ha seguido cursos de
astronomía en el observatorio y quiere regresar, pero se lo impedirán
los graves sucesos de la guerra franco-prusiana, recomendándole el
traslado a Milán. Se siente liberado, separado del resto de la humanidad,
marcado por su enfermedad que le da un aura heroica. Desea aprender,
conocer, vencer al mismo tiempo la tuberculosis particular y la ignorancia
de sus contemporáneos. Une ambas como una lacra que debe limpiar. Pero,
la posibilidad de una muerte cercana lo vuelve inquieto, anhelante y
temerario. Recorrerá durante estos años Europa entera, se desplazara a
los trópicos, y entrará en el imperio Turco hasta llegar a Jerusalén.
Se impone a sí mismo esfuerzos sobrehumanos y arrastra todas las
dificultades por alcanzar la meta que se ha propuesto. Evidentemente, no
sigue ningún consejo de los médicos y se aficiona al buen coñac que
toma en medio de discusiones apasionadas sobre política. Su mundo está venciendo: en Francia se ha
acabado el Imperio Napoleónico y los liberales italianos han terminado
con el poder temporal de Pontífice de Roma que se refugia en el Vaticano.
Un hijo del rey del Piamonte, un Saboya, flamante rey de Italia, es
elegido monarca por las cortes españolas. Olallo observa todo desde Milán,
donde ha conocido una muchacha sueca, Zelma Wilksman, que se encuentra
ampliando allí sus conocimientos musicales. Se enamorará pero sus
sentimientos no serán exactamente correspondidos. En la primavera de ese año decide volver a
Almería. Sigue para ello, un rumbo diferente, recalando en Paris donde se
entretendrá hasta que le llegue la noticia de la muerte de su madre. Se
encargará a partir de ese momento de sus negocios un tutor, Gabriel González,
que calma a Olallo respecto a sus obligaciones recomendándole que siga su
vida viajera como su madre deseaba. Olallo llena la casa del Malecón de
libros, de instrumentos astronómicos, y coloca un cocodrilo que se ha traído
de Argelia, en la alberca del patio. Quizá sus hermanas deseen retenerlo más
tiempo, pero él decide acudir puntual a la cita con Zelma, a pesar de que
esta le ha anunciado que tiene novio. Se llevará a su hermano Francisco
pues ha oído que Zelma acude con su hermana Elena, deseosa de estudiar
canto en el lago Maggiore. Un profuso nudo de sentimientos conmueve a
estos jóvenes, pues mientras Francisco persigue a Elena, ésta se
encuentra enamorada de Olallo y animada por Zelma, ambigua siempre en sus
intenciones. Elena ha pasado varios inviernos en Suiza y,
el ultimo en Livorno, debido a la debilidad de sus pulmones. Ahora debe
volver con Zelma a Suecia pues se ha acabado su asignación pero, ese otoño,
su hermana hará el viaje sola. Olallo invita a Elena a viajar con él
durante el invierno, comenzando la ruptura con Zelma que esta acentúa
desde Suecia con una carta donde la anuncia que vuelve con su novio. Los
cuidados de Elena en la depresión y la primera hemoptisis que le
sobreviene en Genova, acaban por decidirlo. Olallo ofrece su nombre a
Elena y embarca en viaje nupcial rumbo a Alejandría, donde una semana
después de llegar, ella morirá de tifus, siendo enterrada en el
cementerio europeo de la ciudad donde se conserva su tumba. Nombrado por la Republica Española,
secretario de la legación en Roma, OlaIlo se dedica a seguir cursos en el
Observatorio bajo la guía del astrónomo padre Secchi. Con su flamante
titulo diplomático, su orgullo a toda prueba y arrastrando el riesgo de
un posible rechazo, se presenta en Suecia, donde Zelma finalmente se
rinde. Se casaran el 30 de Diciembre de 1873 en la mansión de
Johannesberg, propiedad de su abuelo. Tres días después, el general Pavía acababa
a tiros con la Republica Española, y un año mas tarde es restaurado en
el trono Alfonso XII. Olallo se encuentra con su maestro Salmerón, que
había llegado a ser presidente en un gobierno efímero. Está convencido,
no volverá a España. No le importa para nada ese país de manolas y
bandoleros con política de sainete, esa Turquía europea atrasada y retrógrada.
Establecido en Sodertelje, una pequeña ciudad cercana a Estocolmo, se
siente a gusto con la sociedad Sueca. Prepara un viaje al Polo Norte, en
la expedición de Nordenshjold, con el barco Vega. Sólo un vomito de
sangre, provocado por la ansiedad de los preparativos, le impedirá llevar
a cabo sus propósitos. Es el primer aviso de la catástrofe que se
avecina.
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Zelma Wilksman en 1890, de vuelta a Suecia tras la muerte de Olallo.
Hacía mucho tiempo que los mineros de la sierra escapaban a Linares u Oran. Salían en tandas, hacinados en las bodegas de los barcos, rumbo a Argelia, única esperanza para estos desgraciados que habían poblado durante un siglo la sierra de Gador. Las minas cerraban, los beneficios bajaban, el prestigio de Berja con las minas de plomo más ricas del mundo se eclipsaba en los mercados internacionales.
La orgullosa burguesía almeriense ha visto los ojos al lobo. Desaparecida la sopa boba de los conventos y las tierras comunales, las hambres cíclicas del campo andaluz han convertido al pueblo en un peligroso enemigo.
Olallo está solo. Sabe que es una voz aislada, un panfletista que grita sus opiniones en el Ateneo, el marido de “la sueca protestante”, el despilfarrador de la fortuna del honrado Olallo Morales.
Se le escucha sobre todo en “La Crónica Meridional”, organismo de la burguesía liberal que busca adaptar los cultivos de la provincia a una nueva racionalidad científica, desarrollar la actividad fabril de la ciudad y la comercial de un puerto que todavía no existe y por el que se comienza a luchar desde las páginas de este diario.
Cada uno de los integrantes llevara un equipaje particular, sus criados y sus ilusiones ya sean literarias, científicas o recreativas.
Durante catorce días, los integrantes de la expedición medirán altitudes, recogerán muestras para el herbolario, charlaran de historia y de costumbres con los curas, médicos y entendidos que se encuentren en su camino.
Barcelona quiere tener su Cuba a menos de mil kilómetros, y Almería se lo ofrecerá consiguiendo a cambio los preciosos paños que están arruinando las pequeñas industrias locales. |
1879 En una alberca yace un animal muerto, un
cocodrilo. Hace varios días que decidió colocarse panza arriba y ya
huele, pudriendo la poca agua que cubre ese estanque de adorno. Una criada
pasa tapándose la nariz y mirando de soslayo a su excéntrico señorito
que, situado en el ultimo escalón de la balaustrada, se apoya en el bastón
presto a salir para un paseo madrugador. Tiene los ojos enrojecidos por la
mala noche pasada, la ropa desaseada, un poco de barba. Y contempla a su
bello animal muerto. “¡Que se fastidien todos con el olor!,
piensa. Es la desidia, lo que ha provocado su muerte, la falta de cálculo,
el abandono. Deje prescrita la alimentación ordenada que debía suministrársele
en unas notas perfectamente claras para la cocinera, que debía leerle mi
hermana” Olallo mira despreciativamente a la mañana,
respira profundamente y se lleva la mano al pecho por el dolor. Está
arruinado. Anoche firmó los papeles por los que hipotecaba todas sus
propiedades a beneficio de la viuda de su tutor que estaba amenazada de
embargo. Fue una carta desesperada de ella la que le
obligo a volver rápidamente el otoño pasado a Almería dejando a Zelma
en Sodertelje. Acababan de regresar de Estocolmo, de hacer unas compras,
habían discutido por la falta de dinero. Hacia tiempo que las minas no
daban las rentas de antes, que las cartas de su tutor, Gabriel González
anunciaban sibilinamente malas noticias. Ahora, su muerte, dejaba toda la
trama al descubierto. ¿Desfalco? ¿Imprudencia? Olallo promete volver pronto, en cuanto ponga
en orden sus negocios. Pero, la realidad será mucho más dura de lo que
esperaba: ha desaparecido su fortuna y la de su hermano Francisco. Quizás
no han sido solo los manejos de Gabriel González los causantes de esa catástrofe
que sitúa por primera vez a Olallo ante la realidad. Hacía mucho tiempo
que los mineros de la sierra escapaban a Linares u Oran. Salían en
tandas, hacinados en las bodegas de los barcos, rumbo a Argelia, única
esperanza para estos desgraciados que habían poblado durante un siglo la
sierra de Gador. Las minas cerraban, los beneficios bajaban, el prestigio
de Berja con las minas de plomo más ricas del mundo se eclipsaba en los
mercados internacionales. Algunos iban en cubierta como privilegiados
gracias a haber podido pagar el sitio vendiendo la casita y el pequeño
pedazo de tierra, comprado cuando los sueldos de las minas eran buenos.
Muchos ni siquiera habían pagado pasaje, lo harían mediante trabajos
forzados en su lugar de destino. El imperialismo francés había querido
poner un pie en la otra orilla del Mediterráneo y necesitaba estas
familias colonas para afirmar la europeización de la costa africana. Como
antes los grandes propietarios de las minas, los franceses usaron a estos
mineros para cimentar sus fortunas. Luego, los tratarían de parecida
manera. Pero, de esto nada sabía 0lallo. ¿Por qué
nadie se lo había dicho? Enfermizo, soñador, republicano, idealista, jamás
visitó una mina odiándola como todo lo que su padre representaba. Se
dedicó a estudiar el cielo descubriendo un mundo que se regia por
maravillosas y limpias reglas exactas. Pensó algún día, con sus ideas
democráticas, subir al pueblo a su nivel mediante la educación, liberándolo
de la suciedad, la superstición y la pobreza. Nadie había querido o se había atrevido a
contarle la verdad de la ruina que se aproximaba, y el lo había tenido
que aprender mediante esta amarga lección. Solo le quedaban su orgullo y
sus conocimientos, demasiado teóricos para servirle de mucho, al menos de
momento. Su clase lo ha abandonado. Demasiado excéntrico, liberal,
revolucionario. De ideas extrañas y con un fuerte tufillo antirreligioso.
La burguesía que 0lallo encuentra en 1879 no tiene nada que ver con la
anterior a la revolución de Septiembre. Sus conquistas sociales están
admitidas, su posición social defendida. La iglesia ha perdonado la
desamortización y ahora bendice a los hijos de aquellos herejes que
entran ordenadamente en sus colegios, en sus iglesias y presiden sus
nuevas instituciones de caridad. A través de bondadosas damas, el dinero
sacado de la mejor y más racional administración de esas fincas
“robadas” a los frailes, pasa a sufragar hospitales, orfanatos,
escuelas para pobres. Los maridos son más reacios pero ya vendrán. Se
necesitan mutuamente. La orgullosa burguesía almeriense ha visto
los ojos al lobo. Desaparecida la sopa boba de los conventos y las tierras
comunales, las hambres cíclicas del campo andaluz han convertido al
pueblo en un peligroso enemigo. Si las damas se han horrorizado ante los
desmanes de la Comuna de Paris, los varones han debido recurrir con
demasiada frecuencia a la Guardia Civil para defender sus propiedades.
Incluso algunos se han quedado aislados en sus fincas, teniendo que huir a
uña de caballo, en la noche, mientras sentían a sus espaldas el asalto
inmediato y el comienzo del incendio. La sombra de la Internacional ha
recorrido los campos de boca de una casta de artesanos arruinados por los
avances de la revolución
industrial, y se ha transformado en un eco milenarista y mesiánico, casi
religioso. Todavía quedan criados fieles, pero el paternalismo de los
antiguos nobles ha desaparecido. Los buenos hombres han sentido por
primera vez terror. Han debido buscar el pacto con las fuerzas que antes
despreciaran en su avance arrollador. La Iglesia y la Corona han sido el
puente para el abrazo. Una nueva constitución de sufragio restringido
consagra la situación y se reparten los puestos con la antigua oligarquía,
mientras en la sacristía y en el casino se cocinan matrimonios con las
altaneras familias aristocráticas de la ciudad vieja. Olallo está solo. Sabe que es una voz
aislada, un panfletista que grita sus opiniones en el Ateneo, el marido de
“la sueca protestante”, el despilfarrador de la fortuna del honrado
Olallo Morales. Y atribuye esta actitud a la enjundia particular de este
pueblo que un día despreció y a la cazurronería de sus dirigentes. No
puede volver a Suecia y deberá sacar a su casa de las cenizas. Sin
embargo, no se quedará hundido, viviendo de los préstamos de los amigos
y familiares. Saldrá adelante con la cabeza bien alta. Acentuará su
snobismo, su pedantería, todo lo que le separa de esta casta noña y
provinciana. Se creará una costra dura de luchador, dejando los
idealismos de lado, hasta conseguir una valía técnica que le haga
respetable y un freno en la caída hacia la indigencia. Olallo ha entrado
a sus veintinueve años en la madurez y eso ha sido bien doloroso. Cuando Zelma llegue a Almería en la Primavera
de 1879 se encontrara con un Olallo cambiado y que, quizá no le agrade
demasiado. Si antes la enamoró el hidalgo español que fue a buscarla
como un caballero andante hasta Suecia, ahora le sorprende su orgullo frío,
calculador, un poco egoísta. Está rodeado de amigos aduladores, embebido
en lucirse ante la sociedad provinciana que tanto desprecia, envuelto en líos
de faldas y proyectos oscuros. El puritanismo de Zelma se resiente, pero
también ahora se encuentra realmente enamorada de su español de leyenda
que resulta ser de carne y hueso. Intentará poner orden en ese
desbarajuste aguantando el cerco de una sociedad que no la acepta. Los
proyectos de Olallo se concretan, las amistades son seleccionadas, el
nivel de coñac que consume a pasto desciende, la mujer del cónsul ingles
es embarcada hacia Londres después de una larga conversación de Zelma
con éste. Sin embargo, los líos de faldas seguirán, son parte
integrante del nuevo carácter de Olallo que un día blasfemará delante
de Zelma diciéndole: “Tú eres la catedral y las demás son sólo las
capillas”. Las rígidas economías impuestas por Zelma irán
dando su fruto, así como las amistades de Olallo le rodearán de un nimbo
de científico necesario para los nuevos proyectos de la sociedad técnica
que se avecina. Se le llama, o se auto titula, astrónomo‑físico‑geólogo.
Publica en los diarios sus observaciones, que van desde estudios sobre la
climatología de Sierra Nevada a experimentaciones en navegación
submarina. Se le escucha sobre todo en “La Crónica Meridional”,
organismo de la burguesía liberal que busca adaptar los cultivos de la
provincia a una nueva racionalidad científica, desarrollar la actividad
fabril de la ciudad y la comercial de un puerto que todavía no existe y
por el que se comienza a luchar desde las páginas de este diario. Olallo está en la cumbre de su prestigio y
cimentará su leyenda en estos años de dificultades económicas. Montará
en los altos de su casa un observatorio astronómico, colaborando con
instituciones científicas de Madrid y Barcelona, carteándose con astrónomos
de varios países. Llegará a ser miembro de la Astronomische Gesenscheff.
Pero, será mucho mas nombrado en la ciudad, en los corrillos de damas y
los cenáculos de caballeros, por el hecho de subir completamente desnudo
a realizar sus prospecciones científicas, que por los resultados de sus
investigaciones, muy alabados, eso sí, en el Ateneo local. También será la época de su famosa excursión a la cima del Mulhacen que comienza como una novela de aventuras. A las doce en punto de la mañana del 11 de Julio de 1880 se desarrolla una reunión multitudinaria. El escenario es la cervecería Inglesa, una taberna de este conocido puerto del Mediterráneo que es Almería. El objeto de la reunión es organizar una expedición a la cima de Sierra Nevada con quince miembros, diez sirvientes y unas veinte caballerías. En realidad, todo queda reducido a cinco asistentes, de los cuales dos se excusan. Después de esperar el cuarto de hora de rigor, se decide salir con lo que queda y los valientes exploradores declaman sus propósitos ante la divertida concurrencia. Lleva la voz cantante un granadino, afrancesado y satírico, llamado Antonio Rubio, que luego llevará las memorias de este viaje a un libro titulado pomposamente Del Mar al Cielo (ver edición facsímil y estudio preliminar de Andrés Sánchez Picón, 1994). Le toca el turno de intervención a 0lallo que
proclama: “y yo, añadió el Astrónomo-Físico-Geólogo, abrigo una
necesidad imperiosa de medir por mí mismo aquellas altitudes, de hacer
observaciones higrométricas, de comprobar cálculos, de tomar longitudes,
de determinar latitudes geográficas, de apreciar pendientes, de medir
distancias, de examinar rocas, de analizar la Flora, de estudiar la Fauna,
y de satisfacer mil ansias investigadoras, ya con el microscopio,
desmenuzando una por una las fibras del insecto, ya con el telescopio,
penetrando en las masas ígneas de los soles (suena un ¡Hurra! cuasi
general). Sin que esta empresa, continua el orador, tenga para mi la
importancia científica de otras que he realizado, anhelo llevarla a cabo,
movido del interés, de la novedad que en sí encierra. Por lo demás, al
que ha medido los 4.810 metros de elevación del Mont Blanc, los 4.618 del
Mont Rosa, los 4.522 del Mont Cervin, al que abriga la confianza de medir
los 8.840 del Guarisankar, y los 8.588 de Kuchichinga...(un oyente hace
una mueca) y los 8.572 del Dawalagerid, en el Himalaya, al que confía
como yo en poder ascender muy pronto al Monte Ebrouz, al Ambostimenes, al
Nevado de Sorata, y al Chimborazo, poco puede importarle subir un escalón
de la tierra, para situarse a la miseria de 3.546 metros sobre la
superficie en que nos hallamos. La confirmación de esta ultima cifra es
uno de los alicientes que para mí tiene la expedición. Mientras que unos
geógrafos dan la altura dicha a Mula-Hacen, punto culminante de Sierra
Nevada y de España, otros le conceden solo 3.451,
y otros lo elevan a 3.700, y últimamente la Comisión allí
instalada el año anterior para el enlace geodésico y astronómico de
Europa y África, dio por resultados 3.481 metros. Yo quiero comprobar por
mí mismo estas diferencias, y quiero (el astrónomo se hace servir una
copa de coñac) instalarme allí hasta invernar, si necesario fuese, para
satisfacer mi curiosidad científica”. La descripción de la reunión
parece sacada de una novela de Julio Verne – citado por varios de los
asistentes -, y da comienzo a la aventura del grupo escalador. Los aplausos de la asistencia levantada en
pleno dan la aprobación a esta excursión que saldrá el sábado 17 de
Julio de 1880, de Berja, donde espera 0lallo junto al tercero de la lista,
un abogado aventurero y caballista. La sorpresa está en que, a ultima
hora, se ha añadido Francisco Morales a la expedición. Antonio Rubio, a
punto de subir en la diligencia que sale de Almería, lo encuentra con un
elegante chaqué de paseo y lo invita a la aventura sin muchas esperanzas
y más bien por educada cortesía. Francisco toma asiento junto a él y
sin equipaje (luego se lo proporcionarán en Berja), parten ambos enviaje.
Se encaminan por la terrible carretera del Cañarete rumbo al destino que
se han marcado. Cada uno de los integrantes llevara un
equipaje particular, sus criados y sus ilusiones ya sean literarias, científicas
o recreativas. Antonio Rubio va armado con La Alpujarra de Alarcón,
La Historia de La Fuente y Simonet, La Rebelión de los moriscos,
de Mármol y la de Mendoza, mapas, censos, boletines científicos y
diccionarios geográficos, destacando el de Madoz que, amablemente,
fusilará a lo largo de su libro recopilación de esta aventura. “Más fundamentales serán para el abogado
su caballo, sus dibujos y su perro Centella, un alano de cabeza
inteligente y color perla. Será Olallo quien despliegue un verdadero
arsenal de instrumentos y aparatos: un criado avanza delante suyo a la
descubierta armado de un odómetro bien graduado a su marcha y de cañon
de regulares dimensiones, que tal parecía el barómetro de Fortin que
llevaba embutido en su funda de vaqueta, y colgado a la funerala. Como
todos, Olallo lleva sus gemelos de campana, y colgado a las bandas: una
brujulita de Brunner, con clinómetro, construido por Grasselli, un
sextante de Negretti, un cronógrafo anónimo, otra brujulita idem, un
aneroide, un termómetro de Gaggini, y en las sinuosidades de sus
bolsillos, cintas métricas, y otras brújulas, termómetros y cronógrafos.
Todo ello sin contar con lo que venía en la acémila de repuesto: una
escuadra de reflexión, un barómetro holostérico, un termómetro de máxima,
construido por Casella, otro de mínima del misino autor, otro de
Secretan, con envoltura para apreciar la humedad atmosférica, un evaporómetro
también de Secretan, con sus respectivos discos de papel, un cromóscopo
para apreciar la intensidad del color, papeles azonométricos, preparados
por Jame de Sedan, con su escala de cero a veinte y uno, una linterna de fósforo,
una caseta para los instrumentos metereol6gicos, un magnifico anteojo de
Harris, de Londres, de dos y media pulgadas de abertura, de dos oculares
astronómicos y uno terrestre, otro anteojo de Browning, y,... la mar”.
Así describe Antonio Rubio el bagaje de su compañero de aventuras. Durante catorce días, los integrantes de la
expedición medirán altitudes, recogerán muestras para el herbolario,
charlaran de historia y de costumbres con los curas, médicos y entendidos
que se encuentren en su camino. Todo ello en un recorrido estricto que los
lleva a través de la Alpujarra almeriense por Beninar, Darrical y Cadiar,
hacia Berchules, subiendo por Juviles y Trevelez hasta el pico de Mulhacen.
Y bajando por el barranco de Poqueira, Capileira y Bubion, y Campaneira,
hasta el balneario de Lanjarón. Desde allí descendieron al mar por El
Viso y Velecillos a Motril, donde cogerán el vapor hasta Adra mientras
las caballerías y los criados van por tierra. Las ideas de 0lallo se concretan en proyectos
y estudios. Las aplicaciones comienzan a ser prácticas. Se necesitan este
tipo de hombres para afrontar la nueva apuesta que se plantea en los Círculos
Mercantiles de la ciudad. Las minas llenan cada vez menos las bodegas de
los barcos y, sin embargo, la demanda de productos aumenta. Hay que
ofrecer algo de vuelta en los barcos que traen mercancías de Londres, El
Havre o Barcelona. Será de esta última ciudad de donde surja la sociedad
que terminará contratando a 0lallo para llevar a cabo una transformación
fundamental en los cultivos almerienses, reorientándolos hacia la
exportación. Lo que unos intentaran con la uva, y otros mas tarde con la
naranja, él lo pretende con el azúcar. Por eso, se pasea nervioso de uno
a otro lado del pequeño muelle. Atisba el mar, mira su reloj, se lleva la
mano hacia la cabeza introduciendo los dedos entre sus cabellos erizados.
El joven velero, cuyas ultimas noticias daban como segura su partida de
Adra después de unas reparaciones imprevistas, se retrasa. Está a punto
de proponerse subir al castillo de San Telmo para divisar el ansiado
cargamento, pero desiste de la idea y se aleja para comer con unos
posibles inversionistas entusiasmados con el proyecto de la caña de azúcar.
Unos obreros se afanan en descargar un barco. Por un momento, Olallo
piensa en un sistema de poleas que los ayudará en su trabajo. Sí, su fábrica,
el Ingenio, dará nuevos puestos de trabajo y las máquinas harán más fácil
la tarea. Varias chimeneas se alzan orgullosas con su estela de humo sobre
la ciudad, otras vendrían después. Él ha decidido luchar por ese
progreso, esos adelantos, los cambios técnicos necesarios para que la
felicidad universal se logre sin necesidad de una revolución. El dinero
es abundante y solo hay que lograr que se invierta racionalmente. Ahora
son solo unos pocos frente a la reticencia de lo tradicional pero el
tiempo lograra vencer voluntades. Barcelona quiere tener su Cuba a menos
de mil kilómetros, y Almería se lo ofrecerá consiguiendo a cambio los
preciosos paños que están arruinando las pequeñas industrias locales.
El cambio es irreversible y hay que estar encima de la ola o quedarse
varado en una playa sin destino. La ciencia es la única salvación
posible de esta provincia que se hunde por momentos. Pero, el barco se
retrasa, los cortijeros son reacios al cambio de cultivos, los señores,
los rentistas, adolecen de indolencia connatural. En el malecón, descansan para su traslado dos
preciosas máquinas, la una francesa y la otra inglesa. Lo mejor para el
Ingenio, para la fabrica. Sin embargo, hace tiempo que la cuadrilla debía
haberlas recogido. Otra vez la pereza, la desidia, el abandono. Es difícil
luchar y 0lallo siente que le vuelve la opresión en el pecho. |
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Los hijos de Olallo a su llegada a Suecia en 1890.
Se acabó la euforia producida por el chorro de oro que la minas metieron en los bolsillos de sus afortunados propietarios. Fue un festival alegre a inconsciente de fiestas elegantes, proyectos fantásticos, muebles italianos y vestidos de Paris. Todo se fue en gastos suntuarios, grandes mansiones y un elitismo alejado de la realidad que llevo a definir a un viajero el ambiente de Almería corno un estilo de vida típicamente inglés.
Un año después, la familia Morales se embarca rumbo a Suecia. Cuatro niños y su madre, que vuelve al país natal. Cuarenta años después, Zelma Wilksman de Morales relatará en unas notas sus impresiones sobre su vida con 0lallo. Zelma morirá en 1943, a la edad de noventa y tres años, sin haber vuelto jamás a Almería. |
1889 La casa está en penumbra. Las criadas
bisbisean y varios hombres permanecen callados con el sombrero entre las
manos. Solo interrumpe el silencio una composición para piano de Mozart,
cuyas notas llegan apagadas desde el piso superior. Olallo ha hecho subir
el piano y Zelma toca sola, sin consultarle como tantas otras veces, sin
sentir su mano pasando las hojas. De vez en cuando, atisba entre los
cortinajes de la cama y lo contempla agonizante, entre un revolotear de médicos
y hermanas llorosas. Se encontraba en Berja cuando le dio el vomito
de sangre y, empeoro su mal, decidiendo venirse a Almeria de improvisto.
Apareció traspuesto, con el caballo sudoroso por el terrible esfuerzo que
se le había impuesto. Se echó en la cama retorciéndose de dolor y Zelma
comprendió que había llegado el final. Desde la bancarrota definitiva
del Ingenio de azúcar, la salud de OIallo había empeorado
considerablemente. Lo había intentado todo, sus estudios climatológicos
eran correctos y aconsejaban el cultivo, la máquinas habían llegado, el
trabajo químico se había realizado. Pero, tras cinco años de lucha, la
sociedad azucarera cerraba con saldo negativo. El cambio de cultivos no
había sido posible ante la cerrazón de los propietarios, las
dificultades de los cortijeros por adaptarse al nuevo laboreo, las
reticencias de la ciudad. La zafra almeriense resultó un estrepitoso
fracaso. La misma sociedad lo había contratado para
realizar planos y gestiones respecto a la línea que unirá Linares con el
puerto. Pero, el tren llega tarde para Olallo y para Almería. Los
pulmones no dan más de sí, la enfermedad toma posesión de un cuerpo que
se abandona a su suerte. Se acabó la euforia producida por el chorro de
oro que la minas metieron en los bolsillos de sus afortunados
propietarios. Fue un festival alegre a inconsciente de fiestas elegantes,
proyectos fantásticos, muebles italianos y vestidos de Paris. Todo se fue
en gastos suntuarios, grandes mansiones y un elitismo alejado de la
realidad que llevo a definir a un viajero el ambiente de Almería corno un
estilo de vida típicamente inglés. Mientras, por el puerto, salían
ordenadamente los productos de las minas, como lo hicieron sus
trabajadores una vez se fueron agotando los filones tan preciados. Se acabaron las esperanzas en la ciencia,
aunque muchos seguirán intentando luchar cada vez en condiciones mas
desfavorables. Nos saldrá más humo de las cuatro chimeneas que se
alzaban en la ciudad, cerraran sus puertas las manufacturas como lo
hicieron las factorías de Adra o los altos hornos de Garrucha. Una
sociedad enferma no podrá dar ese paso que sus pulmones no le permiten.
Olallo será una de sus víctimas. Después de una semana de agonía,
morirá el 26 de agosto de 1889. Era el momento que esperaba la sociedad
tradicional para echarse encima, para vengarse. Se le negará el entierro
en Camposanto como deseaban sus hermanas. De nada valdrán los ruegos ni
las pruebas, más o menos interesadas, que aporten respecto a su
matrimonio mixto o una posible confesi6n final. El cuerpo de Olallo deberá
ser depositado en el cementerio civil, donde queda guardado en una tumba
que aun hoy luce airosa: una piñastra de piedra partida por la fuerza del
pino que Zelma mandó plantar a su lado. Una compañía tan solo, la de su
hija Teresa, que se quedó para siempre con él en Almería. Zelma tuvo que irse. Olallo no ha muerto en la
mejor situación económica, en la casa del malecón se respira un
ambiente de penuria. No hay en este caso un hombre – la sociedad de
Almería funciona así - que
pueda sacar adelante la situación y de nada valen los buenos deseos de
los familiares, ni los intentos de Zelma de dar clase de piano como una
solución transitoria hasta que el hijo mayor crezca y entre en los
circuitos de relaciones de su clase social. Un año después, la familia Morales se
embarca rumbo a Suecia. Cuatro niños y su madre, que vuelve al país
natal. Cuarenta años después, Zelma Wilksman de Morales relatará en
unas notas sus impresiones sobre su vida con 0lallo. Zelma morirá en
1943, a la edad de noventa y tres años, sin haber vuelto jamás a Almería. |
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Mi agradecimiento a Mónica Morales Asplund, por haberme proporcionado las memorias de Zelma Wilksman, y a María del Mar Cruz Muñoz por sus recuerdos de familia compartidos.
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CRONOLOGIA DE OLALLO MORALES LUPION
(1852‑1889) 1852 18 de Febrero: nace en Berja (Almería). 1854 Bienio progresista. Segunda
desamortización. 1858 O'Donnell, líder de la alta
burguesía, acaba con los moderados. Unión Liberal y proyectos africanos. 1859 La familia Morales se traslada a
Almería. Residen en la calle Real hasta que se termina la casa del Malecón
construida sobre los terrenos de las antiguas murallas del puerto.. 1862 0lallo ingresa en el colegio
regentado por Nicolás Salmerón en Madrid. Contactos con el Krausismo. 1865 01allo Morales Sierra, su padre,
teniente alcalde, es nombrado alcalde por vacante de Francisco Jover. 1866 Sublevación de los sargentos de
San Gil en Madrid. Represión moderada. 1866 Olallo va a Paris a estudiar
astronomía en el Observatorio de la capital. 1868 Septiembre: se alzan en Cádiz,
Serrano, Prim y el almirante Topete. La revolución triunfa. 1868 0lallo vuelve a Almería. 1869 Muere 0lallo Morales Sierra, Olallo
el viejo, su padre. 1870 Viajes por Europa, Asia Menor,
Egipto y Palestina. 1870 La comuna de Paris y la entrada de
los liberales en Roma. 1870 Primavera: 0lallo estudia en Milán.
Conoce a Zelma Wilskman. 1872 Muere Teresa Lupión Padilla, su
madre. 1872 Verano en el lago Maggiore. Conoce
a Elena Wislkman 1872 Primera hemoptisis. Viaje a
Alejandría. Elena Wilskman muere de tifus. 1873 11 de Febrero: se proclama la
primera República Española. 1873 Septiembre: Gobierno Castelar;
0lallo es nombrado secretario de la embajada en Roma. 1873 30 de Diciembre: se casa con Zelma
Wilskman en Johannesberg. 1874 3 de Enero: El general Pavía acaba
con la republica. Dictadura de Serrano. 1874 0lallo y Zelma visitan Almería.
Nace 0lallo Morales Wilskman. 1874 29 de Diciembre: Martínez Campos
se rebela en Sagunto. Restauración de los Borbones con el monarca Alfonso
XII. 1875 0lallo deja su cargo de secretario
de embajada y se exilia como Salmerón. 1876 Constitución de los notables. Sufragio
restringido. 1877 Octubre: 0lallo y Zelma se
establecen en Sodertelje, cerca de Estocolmo. 1878 Primavera: expedición de Nordensjold con
el barco Vega al Polo Norte. Segunda hernoptisis que impide la participación
de Olallo. 1878 Otoño: Muere Gabriel González,
tutor de 0lallo. Bancarrota familiar. 1878 8 de Agosto: conspiración
republicana de Ruiz Zorrilla y Salmerón. Represión moderada. 1879 Primavera: Zelma llega a Almería
de donde 0lallo no puede salir. 1880 17 de Julio: excursión de 0lallo
con Antonio Rubio a la cima del Mulhacen. Libro Del mar al cielo
narrando la epopeya. 1881 Gobierno liberal de Sagasta.
Libertad de prensa. 1881 La Compañía Azucarera, con sede
en Barcelona, encarga a 0lallo de hacer observaciones meteorológicas en
Almería. 1882 Cultivo de azúcar, construcción
de pozos, irrigación, compras de maquinaria en Francia. 1885 Esta terminado el Ingenio de azúcar.
0lallo ha hecho el trabajo químico y dirige la fábrica. 1888 Ruina de la Compañía Azucarera. 1889 Dibujando un plano geológico del
ferrocarril Linares‑Almería, sufre un vómito de sangre. 1889 26 de Agosto: Muere 0lallo en Almería
siendo enterrado en el cementerio civil.
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Es necesario aclarar que existen tres Olallos: Olallo Morales Sierra (1818-1869), alcalde de Almería; Olallo Morales Lupión (1852.1889), el protagonista de este trabajo; y su hijo, Olallo Morales Wilksman (1874-1957), compositor sueco. |
GENEALOGIA
DE LOS MORALES I.
Juan de Morales (nacido en Félix), casado con Ana de Flores. II. Bernardo Morales Flores (vivió en Roquetas,
m.1834), casado con María de los Dolores Sierra y Ruiz (1801-1834). III. Olallo José Morales Sierra (1818-1869) Nacido en Berja, casado
con Teresa Lupión Padilla (1816-1872).
Tienen a: a)
Pilar Morales Lupión (1837) se casó con José María Cuesta y
Gutiérrez b)
Soledad Morales Lupi6n (1839). Se casó con Francisco Rodríguez
Lupión, su primo (Rama de los Verdes y González Rodríguez. c)
Federico Morales Lupi6n (1840). Murió joven y soltero. d)
Adela Morales L.upión (1842-1910). Casó con Enrique López de la
Cámara y tuvo a:
i.
Enrique
L. de la Cámara Morales. Casado con Soledad Gonzalez Lupi6n. 1.
Soledad, muerta niña. e)
Eduardo Morales Lupión (1844-1862). Casó con Carmen Castañedo,
sin hijos. f)
Constanza Morales I.upión (1847-1915). Casada con Pedro Vivas Cruz
(1827-1874) Rama de los Cruz Muño. g)
Olallo Francisco Morales Lupión (m. Niño) h)
Olallo Eladio Morales Lupión (1852-1889). Casado con Zelma
Wilskman (1850-1943). Rama de los Morales suecos. i)
Francisco Morales Lupión (1854-1907). Soltero. IV. Olallo Eladio Morales Lupi6n (1852-1889). Casado con Zelma
Wilskman (1850-1943). Tuvo a: a)
Olallo Morales Wilskman (1874‑1957). Casado con Clary Asplund
(1876-1959). b)
Zelmica Morales Wilskman (1877-1957). Casada con Mauritz Asplund
(1868-1945). c)
Matilde Morales Wilskman (1884-1971). Casada
con Sven Hylander (1873-1955). d)
Juan Morales Wilskman (1888-1971). Casado
con: 1) Elsa Hill‑Lindquist. 2) Astrid Norgren (1900). V. Olallo Morales Wilskman (1874-1957). Casado con
Clary Asplund (1876-1954). Tuvo
a: a)
Mónica Morales (1908). Casada con Göran Schild. b)
Olallo Morales Asplund (1914) que sigue. c)
Christoffer Morales Asplund (1919). Casado
con Birgitta Gustavson (1924). VI Olallo Morales Asplund (1914). Casado
con Marit Asplund (1917). Tuvo a: a)
Olallo Morales Asplund (1946). b)
Anita Morales Asplund (1950). c)
Elena Morales Asplund (1952). d)
Joen Morales Asplund (1959). V.
Zelmica Morales Wilskman (1877‑1957). Casada con Mauritz Asplund
(1868-1945). Tuvo
a: a)
Teresita Asplund Morales (1904‑1981). b)
Uno Asplund Morales (1910‑1979). VI. Uno Asplund Morales (1910‑1979). Casado
con Anija Supkiewies (1916-1979).
Tuvo a: a)
Rolf Asplund (1944). Casado con K. Kevorkian. b)
Eva Asplund (1948). Casada con Christer Kiells. V. Matilde
Morales Wilskman (1884‑1971). Casada
con Sven Hylander (1873-1955). Tuvo
a: a)
Sven Hylander Morales (1911). Casado con 1.Gunlög Sundin. 2.Elisabeth Luders (1921). Tuvo a: a)
Suen Hylander (1942). Casado. b)
Eva Hylander (1945). Casada con Mjöberg. 2 niños. b)
Einar Hylander Morales (1913). Casada con Gun Kempe (1915). Tuvo a: c)
Bo Hylander (1941). d)
Torsten Hylander (1944). Casado.
2 niños. c)
Herbert Hylander Morales (1914). Casado
con Martha Riben (1914). Tuvo a: a)
Lars Johan Hylander (1943). b)
Beng Axel Hylander (1945). Casado
con Ingrid Holm (1945). Tuvo a:
i.
Johannes Hylander (1971). c)
Karin Hylander (1950). Casada
1981. d)
Torsten Hylander Morales (1916). Casado con K. Johnson (1927). Tuvo
a: a)
Michael Torsten Henrik Hylander (1957). e)
Bengt Hylander Morales (1920). Casado con Marie‑Joseph Armand‑Bona
Christave. Tuvo a: a)
Marie‑France Hylander (1951). b)
Eric Hylander (1956) c)
Christian Hylander (1959). d)
Stefan Hylander (1962). V. Juan Morales Wilskman (1888-1971). Casado con: 1. Elsa Hil Lindquist. 2. Astrid Nordgren (1900). Tuvo a: VI. Elena Morales Nordgren (1919). Casada
con B. Lohmer.
Tuvo a: VII. Bjorn Lohmer Morales.
Casado con Anita Morales Asplund.
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| Fin del artículo | ||
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Mi agradecimiento a Gemma Pérez Zalduondo por sus apreciadas informaciones. |
Bibliografía y discografía Forsberg, Bengt, piano. Solitaires. Olallo Morales. ACCD-1017 Giménez Rodríguez, Francisco Javier, Música española fuera de España: Olallo Morales (1874-1957). Granada. Editorial Universidad de Granada, 2003. Giménez Rodríguez, Francisco Javier, Olallo Morales(1874-1957): una imagen exótica de la música española. Madrid, Alpuerto. Giménez Rodríguez, Francisco Javier, “La creación musical de Olallo Morales en los años cuarenta: una imagen exótica de la música española”, Actas del Congreso Joaquín Rodrigo y la creación musical de los años cuarenta. Valladolid, 22-24 de Octubre de 2003. Giménez Rodríguez, Francisco Javier, “Morales Wilskman, Olallo Juan Magno”, Diccionario de la música española e hispanoamericana, vol. VII, p.776-783, Madrid, SGAE, 2000. Giménez Rodríguez, Francisco Javier, “La creación musical de Olallo Morales en los años cuarenta: una imagen exótica de la música española”, Congreso Joaquín Rodrigo y la creación musical de los años cuarenta. Valladolid, 22-24 de Octubre de 2003. Giménez Rodríguez, Francisco Javier, "Canciones y danzas en la música de tecla española fuera de España: Olallo Morales (1874-1957)".V Simposio Internacional de música de tecla española, Mojacar, octubre 2004. Perianes Granero, Javier. Interpretación al piano de Olallo Morales Wilksman. Composiciones para piano, Almaviva. Rubio, Antonio, Del mar al cielo. Crónica de un viaje a Sierra Nevada, imprenta de la viuda de Cordero, Almería, 1881. Rubio, Antonio, "Necrológica al fallecimiento de Olallo Morales", La Crónica meridional, 27 de agosto de 1889. Ruíz Tarazona, Andrés. Olallo Morales, un rescate necesario, Curso de música española, 2003. Sánchez Picón, Andrés, edición facsímil y estudio preliminar de Rubio, Antonio, Del mar al cielo. Crónica de un viaje a Sierra Nevada, imprenta de la viuda de Cordero, Almería, 1881. (Instituto de estudios almerienses, Granada, 1994)
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Materiales de historia es una web de investigación en ciencias sociales basada en trabajos de José María Perceval